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27 octubre, 2011 por ricardoPRESENTACION LIBRO EL PAÍS DE UNO
17 octubre, 2011 por ricardo
Plan b
Adiós maestro de la Plaza Pública
Lydia Cacho
Siempre que lo escuchaba hablar, arrojar con tono parsimonioso frases como flechas, verdades como tormentas, reflexiones como puertas abiertas al futuro, tuve la certeza de que el maestro Miguel Ángel Granados Chapa es muchas personas a la vez.
Abogado y periodista de profesión, doctor en historia, amigo solidario, hermano compasivo, crítico implacable, analista sereno, colega inagotable.
Construyó una escuela de periodismo sin muros y sin límites, la de la congruencia, y de ella hemos abrevado varias generaciones. Él nos enseñó a mirar con ojos nuevos temas viejos, desde 1977 tituló su columna Plaza Pública y hasta esta semana ha sido un referente. Hace unos días dijo adiós en las páginas de su casa de los últimos años, el diario Reforma; Miguel Ángel se despide del periodismo mientras dice adiós a una vida bien vivida.
Su pluma descubrió y perfiló un estilo de periodismo de opinión profesional, pulcro y sin ambages desde Reforma, Excélsior, en la revista Proceso, en Unomásuno, La Jornada y El Financiero, entre otros. Su voz inconfundible parsimoniosa y contundente nos explicó las muchas historias que constituyen la gran Historia moderna mexicana; en Canal 11, en Radio Educación, en Radio y TVUNAM supimos siempre que estaba allí para compartir sus ideas en un largo conversatorio, casi alérgico a los exabruptos y abocado a la búsqueda de respuestas sin atisbo de esa egomanía tan usual en algunos patriarcas del periodismo nacional.
Las tres ocasiones en que recibió el Premio Nacional de Periodismo, aprovechó la tribuna para recordarnos el peligro del periodismo panfletario, habló para restituir la dignidad de quien en ese momento más necesitaba de la voz sólida del maestro: los grupos indígenas o la violencia contra las mujeres, niños y niñas; levantó la voz para señalar a los gobernantes que deben ser nombrados y juzgados por sus delitos. En 2008 recibió la Medalla Belisario Domínguez del Senado de la República y fue electo miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, ante ambas distinciones actuaba con una modestia auténtica de quien se sorprende ante el reconocimiento pero valora los afectos y la admiración por un trabajo digno y respetable.
Durante una reunión para celebrar el aniversario de su columna Plaza Pública, el maestro Granados Chapa, ya enfermo de cáncer, dijo que su retiro sólo sería provocado por la enfermedad o la muerte. A pesar de que los últimos años la enfermedad le acompañó como una sombra, por momentos desgarradora y durmiente en los mejores días, tuvo la lucidez de seguir esculcando entre las voces de la calle, no se le fue una sola noticia importante, no abandonó el análisis puntilloso de la guerra, ni el de los monopolios aplastantes, ni el de las violaciones de los derechos humanos. Tampoco enmudeció ante la corrupción individual y colectiva, ni cerró los ojos ante los ríos de sangre y la muerte con entregas a domicilio en todo el país. Hubiera podido hacerlo, ya le había dado al país y al periodismo más de lo que casi nadie ha dado.
Una tarde luego de un evento, le pregunté al maestro cómo lograba vencer el oprobio con tanta paz, cómo alcanzaba a reflexionar con tal precisión y certeza pacifista frente al dolor de la tragedia. Con esa voz de sabiduría cordial del que sabe lo que dice, respondió que el país nos necesita y nosotros necesitamos al país. Así de simple y llano, sin aspavientos emocionales. Yo sé que lo sostiene una preparación ejemplar, estudios formales, amor a la literatura, pasión por la escritura pulcra y trascendente y sus conocimientos jurídicos que le permitieron ayudarnos a tantas personas en momentos difíciles; pero antes y después de todo, lo fortalece la ética.
Como un roble añoso, este hombre valiente que escribió en 1996 el libro “¡Escuche Carlos Salinas!”, se desapega de las raíces que lo mantienen atado a esta vida, lo hace con la dignidad del maestro, con la certidumbre de quien hizo de su tarea cotidiana un ejemplo de congruencia y profesionalismo. En este momento en que el periodismo se tambalea entre la amenaza sangrienta, la autocensura hija del terror, o el oportunismo rapaz de las elites mediáticas, su voz hace eco y sus lecciones no se olvidan ni se diluyen; por el contrario se fortalecen más que nunca.
Es cierto que los méritos de Miguel Ángel Granados Chapa no salvan al país, pero sin duda hicieron una patria más fuerte, más digna y más humana. Gracias maestro.
www.lydiacacho.net / @lydiacachosi
Michelle Bachelet y Lydia Cacho
16 octubre, 2011 por ricardo
Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile, actualmente Directora de ONU Mujer, presentará esta semana en Nueva York el Premio al valor Civil (Civil Courage Prize) de la Train Foundation a la periodista y activista mexicana Lydia Cacho.
La ceremonia se llevará a cabo en Nueva York. Lydia Cacho tendrá diversos encuentros con periodistas, activistas sociales y políticos de los Estados Unidos tanto en la Universidad de Columbia, en Nueva York como en Washington D,C.
El premio se entrega a la mexicana por su valor civil y perseverancia en la lucha contra la Trata de mujeres, niñas y niños y por su persistente y efectiva batalla en contra de la pornografia infantil que en su país, México, se ha convertido en un delito grave gracias a la mobilización social generada, en gran medida, por la incansable labor de la periodista, autora de los libros Los demonios del edén: el poder detrás de la pornografía infantil. Memorias de una infamia, asi como de otros títulos entre los cuales resalta el manual de prevención de abuso sexual infantil Con mi hij@ no (Todos de Editorial Grijalbo). La más reciente obra de esta autora mexicana de 48 años, es Esclavas del poder: un viaje al corazón de la esclavitud de mujeres y niñas en el mundo; obra que ha sido traducida a ocho idiomas y cuyo impacto en más de 30 países ha sido notable.
La premiada es actualmente columnista de los diarios El Universal y de Sinembargo.mx. A pesar de las múltiples amenazas de muerte recibidas recientemente, Cacho ha dicho “Yo no iré a ninguna parte, los corruptos y criminales son muy pocos comparados con quieens queremos construir un México fuerte y digno. El miedo deben tenerlo ellos, porque seguiremos arrojando luz sobre sus acciones hasta que algún día no haya un sólo rincónn del país en el cuál puedan ocultarse!”.
La Directora Ejecutiva de ONU Mujer, Michelle Bachelet, entregará el premio en una ceremonia formal y dará el discurso en reconocimiento al valor civil a Cacho, quien ha sido también designada por el gobierno español y la Agencia de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen como Embajadora Corazón Azul contra la esclavitud humana. Lydia Cacho es la primera mexicana reconocida por el Departamento de Estado de los Estados Unidos como Héroe mundial contra la esclavitud humana.
Twitter @lydiacachosi
LOS PRIVILEGIOS MASCULINOS
09 agosto, 2011 por ricardoMariano Nieto Navarro*
La mayoría de los varones que conozco, de muy diversa edad y condición, afirman que las mujeres en España en estos momentos tienen prácticamente las mismas oportunidades que los hombres para hacer lo que quieran. Implícitamente, lo que se dice es que la desigualdad es cosa del pasado y que las mujeres que protestan se quejan de vicio.
Esta opinión refleja una resistencia profunda, consciente o inconsciente, a reconocer que los hombres seguimos teniendo multitud de privilegios odiosos (“que perjudican a otros”, DRAE, 22ª edición) por el simple hecho de ser hombres. O, dicho de otra forma, que en un mundo de supremacía masculina o patriarcado, hay cosas de las que seguimos disfrutando todos los hombres que son injustas porque las conseguimos a costa de y en perjuicio de las mujeres. Muchas de esas ventajas las disfrutamos independientemente de que las queramos o no, y se superponen a otros tipos de privilegios que cada uno puede tener por su procedencia, extracción social, raza, etc. Hay abundante literatura al respecto, no solo especializada sino también de divulgación, de forma que quien no se haya enterado todavía de los variados mecanismos sociales y habilidades aprendidas —perfeccionados y transmitidos de generación en generación— que nos permiten a los hombres mantener la supremacía y sacar ventaja de la misma, es porque no quiere. Aunque los hombres no seamos culpables de haber heredado esos privilegios, sí somos responsables de lo que hacemos con lo que hemos recibido. Y esa responsabilidad empieza por reconocer la propia situación de privilegio odioso. Y continúa por tratar de cambiar las cosas renunciando a las ventajas injustas que se pueda y denunciando públicamente aquellas otras de las que nos beneficiaremos de todas maneras. La renuncia supone asumir preocupaciones y tareas no deseadas (empezando por el 50%, al menos, de las tareas domésticas y de cuidado de niños, ancianos y enfermos), perder poder, dinero, posición social y laboral (¿renunciar a un ascenso para estar más en casa y que promocione una mujer?), etc. Y la denuncia comprometida (pero no chulesca, porque ello supondría caer en lo mismo) seguramente puede implicar serios problemas con muchos otros hombres. Un ejemplo de privilegio que puede parecer irrelevante, pero que no lo es: a los hombres, desde pequeños, se nos presta mucha más atención cuando hablamos en público y en general se da más crédito a nuestras palabras (por contra, las mujeres “están mejor calladitas”). El planteamiento anterior, la renuncia a y denuncia de los privilegios masculinos odiosos, no supone una nueva edición de la típica actitud heroica varonil de salvar a las pobrecitas mujeres. Las mujeres están hartas, con razón, de hombres salvadores que hagan las cosas “por ellas”. Por otro lado, las mujeres han demostrado y siguen demostrando que se pueden salvar perfectamente por ellas mismas. De lo que se trata es de que los hombres, cada hombre, nos salvemos a nosotros mismos de nuestra propia indignidad. Segunda década del siglo XXI: es hora de que los varones miremos de una vez la realidad cara a cara y nos comprometamos masivamente en la ruta de la igualdad. Por supuesto, es necesario estimular el cambio “desde fuera”, con leyes, medidas políticas, campañas educativas y de comunicación. Pero el verdadero cambio tiene que venir de dentro de cada uno (exigencia ética) y de la participaciónsocial de los hombres detrás de las mujeres feministas (exigencia política).
*Colaborador de CAMBIO16.es
PLANTA CARA A LA VIOLENCIA MACHISTA
PONLE CARA A LA IGUALDAD
Manifestación contra la
violencia machista.
Sevilla, 21 octubre 2011
Red de Hombres por la Igualdad
EL MILAGRO DE CHAPULTEPEC
27 junio, 2011 por ricardoPlan b
Lydia Cacho
La mujer de sesenta años tomó tres camiones y caminó 8 kilómetros en el vía crucis de las víctimas de la guerra. Su hijo de 24 años le pidió que no fuera a ver a Don Sicilia, pues ya lo iba a recibir el lugarteniente 23 de los zetas que tiene el listado de desaparecidos de Durango, Tamaulipas y Coahuila. La madre tomó su rosario y fue a pedirle al poeta que le llevara su caso al presidente Calderón.
Después de tres años de suplicar ante el ministerio público (MP), de rogar al alcalde y de antesala con el gobernador, la madre de los dos jóvenes desaparecidos pensó que ahora si tendría suerte de ser la señaladas por la magnánima mano presidencial para resolver uno de los miles de casos de desapariciones ¿por qué no un milagro?. La negociación con el hijo fue clara: si no nos recibe el presidente pues le seguimos con los otros, pero que alguien nos ayude a encontrarlos.
Cuarenta mil personas asesinadas, cientos de desapariciones forzadas (llevadas a cabo por alguna autoridad) y miles de secuestros sin investigar, sin resolver. Y las marchas convocadas por Javier Sicilia unificaron el clamor de un país que ante la imposibilidad de obtener justicia se somete al espejismo del milagro. A la esperanza de que por alguna razón políticamente inexplicable, el Presidente Calderón haría un acto de contrición y pediría perdón a México y allí mismo, movido por un escapulario y por las lágrimas de las madres, anunciaría el retiro de las tropas y la acción efectiva del MP para investigar los miles de casos rezagados o ignorados por las procuradurías locales y federal en los últimos cinco años (por sólo hablar de los de la guerra).
Además de ser reportera, durante diez años he dirigido un refugio de alta seguridad para víctimas de violencia en el que he aprendido que por más que se trabaje en la defensa de las víctimas, sólo el 4.5% de los casos concluye en investigación y de esos apenas el 2 por ciento llegan a un juez.
En 2004 (antes de la guerra y los 40 mil muertos) de los 11 millones novecientos mil delitos cometidos, sólo 1 millón y medio fueron reconocidos por el MP para ser investigados. Disculpe usted que me repita, de los casi doce millones de familias que acuden a la autoridad a pedir “ayuda” para resolver los delitos, diez millones recibirán un portazo en las narices. Ahora súmele la guerra.
Pero más allá de los actos públicos, una tercera parte de las y los denunciantes en México dicen que luego de dos años no sucedió nada con su caso. Los Mps a su vez, dicen que tienen rezago de 24 meses en los estados del norte. Según la SSP federal hay 426,600 policías en el país y sólo 36,600 dedicados a la investigación. Diez mil van al ejército y la marina; quedan 20,600 investigadores para todo México. Haga sus cuentas. El INACIPE dice que casi dos terceras partes de los casos se pierden en tribunales porque los MPs no saben redactar y el contenido de las denuncias es incomprensible para los jueces.
Las familias buscan a los gobernadores o al presidente porque por ley es el Ejecutivo quien legalmente tiene el control de los dos brazos operativos más importantes del sistema de persecución penal: el ministerio público y la procuraduría sólo obedecen al gobernador y al presidente.
Es práctica común de los gobernantes elegir a víctimas que desarrollan liderazgos sociales para convertirlas en aliadas, en merecedoras del dialogo patriarcal, en “asesoras”; para neutralizar su poder de movilización y su fuerza moral. No es casualidad que Calderón, en su encuentro con Sicilia, abrazara a la madre que suplicó y no a la que habló desde la dignidad y la igualdad. Buscar el diálogo es importante, reconocer la carga política e histórica que dichos encuentros lo es también. Pero sería grave que concluyan en actos de intervención presidencial caso por caso, y no en cambios estructurales para los 12 millones de personas rechazadas por la justicia.
Lo cierto es que cada quién tiene su agenda, las madres y los padres vuelven a sus tierras desoladas, donde la autoridad paralela les espera ofreciéndoles resolver lo que el Sistema no puede. Es eso lo que nos recuerda que los discursos sobre reconstruir el tejido social deben ir de la mano de la clarificación de nuevas estrategias de Estado que faciliten y transparenten la impartición de justicia, porque mientras la sociedad, toda, no logre sentirse segura y saber que debe obedecer la ley porque la ley le protege, buscará otros caminos que seguirán debilitando al país entero.
Mientras no seamos capaces, junto al Estado, de exigir que se implemente y practique la igualdad, porque beneficia a todos y todas, y saber que la sociedad debe y puede educarse para vivir libre, sana y sin violencia, no avanzaremos. Por eso vale la pena discutir sin miedo lo que la guerra ocasiona, pero también lo que la guerra oculta. De otra manera los creyentes seguirán rezando por un milagro que nunca llegará.
www.lydiacacho.net Twitter: @lydiacachosi





