Respuesta a demanda de víctima de Succar Kuri
Diciembre 8, 2006 Comunicados 10 CommentsLuego de que se hiciera pública la existencia de una demanda civil en contra de la periodista Lydia Cacho, interpuesta por Edith Encalada Cetina, Cacho explica las implicaciones de este nuevo juicio en su contra.
Edith Encalada fue la primera víctima que tuvo la valentía de denunciar a Jean Thouma Succar Kuri por los delitos de violación, corrupción de menores y pornografía infantil. Yo sigo considerando que fue una heroína por atreverse a retar a su verdugo, gracias a ella otras víctimas se atrevieron a detener a este pederasta que sin el menor empacho confiesa ante la propia Edith, en el ya famoso video mostrado en los noticieros, que le gusta violar a pequeñas hasta de cuatro años.
Yo no he recibido ningún citatorio, aunque me enteré por terceras personas, el citatorio llegó a Random House Mondadori, casa editorial de la firma Grijalvo que publicó mi libro Los demonios del Edén. Vía telefónica supe que dicha demanda la interpuso la joven de veintitrés años en un juzgado del Distrito Federal y es en contra de la Editorial y en contra mía. El argumento, según me explican, es que reclama una suma millonaria por derechos de autor. Como si la historia publicada fuese la vida privada de un cantante famoso y no la ignominia de un delincuente que medró durante años con más de un centenar de niñas y niños para fines sexuales y pornográficos. Los demonios del edén es una investigación periodística de muchas tragedias, no es la vida de Edith. Incluso utilicé pseudónimos con el fin de proteger su identidad. Cuando el libro salió a la luz, el caso ya había sido publicado, incluyendo documentos y fotografías, en varios medios durante un año. Mi libro es el resultado de docenas de entrevistas a protagonistas involucrados, abogados, policías, investigadores, funcionarios públicos, expertas en violencia y muchas víctimas y sus familiares. La pretensión de la demandante, de que alguien le robó “su historia privada” es absurda.
Por otra parte asume que el libro me hubiera dejado millones de pesos. De hecho la venta inicial me dejó una suma menor, no fue sino hasta después de que Kamel Nacif me mandara torturar y encarcelar en colusión con el Gobernador Mario Marín, que mi libro se vendió significativamente. En realidad me siento agradecida con mis lectores, pues gracias a que han comprado el libro yo he podido pagar casi ochocientos mil pesos, es decir todas las ganancias de la venta, en mi defensa jurídica a lo largo de un año y en viajes a la capital para demandar ante la PGR a mis agresores.
Estoy tranquila; tengo pruebas de que la propia Edith, mucho antes de conocerme habló con medios de comunicación, que fue ella misma quien buscó a periodistas para defenderse de la corrupción dentro de la Procuraduría de Justicia de Quintana Roo. También tengo pruebas de las presiones a las que fue sujeta durante este tiempo, pruebas que ella me entregó incluso luego de publicar el libro. Tengo pruebas de las presiones que le impusieron Succar, su esposa Gloria Pita y sus cómplices millonarios. Por eso sospecho que hay alguien más detrás de ella.
Efectivamente Edith llevó a algunas niñas con Succar, pero lo hizo siendo menor de edad y bajo fuertes presiones de la red que la abusaba, en la que está la esposa de Succar Kuri y la administradora María Moctezuma. Con Edith Encalada intentamos aplicar el principio de Justicia Restaurativa. La justicia restaurativa presenta un marco en que el crimen es visto principalmente como una ofensa en contra de la víctima y la familia de la víctima. La justicia restaurativa recupera este foco y se interesa primordial y esencialmente por los daños causados por los actos criminales. Para romper los ciclos delictivos en que las víctimas se convierten en victimarias es necesario protegerlas, especialmente cuando estas son adolescentes; pues generalmente son ellas las que mejor conocen a los delincuentes y quienes pueden ayudar a la autoridad a detener redes criminales de trata de niñas, niños y mujeres como la de Succar. O por el contrario, pueden colaborar a la protección del delincuente para más tarde, como la esposa de Succar, seguir explotando a cientos de niñas a cambio de dinero.
Todos los días vemos a víctimas de trata de personas, como Edith y las otras niñas y niños, que se retractan por miedo, porque sus agresores compran a los familiares o les amenazan –o ambas cosas a la vez- y porque el Estado es incapaz de darles protección y seguridad.
El problema para Edith Encalada en el caso Succar Kuri, es que otras niñas han seguido denunciando y siguen valientemente el juicio, aportando elementos irrefutables, hay fotografías y videos pornográficos. Por esas niñas, por su fortaleza y honestidad, por el apoyo del abogado Xavier Olea y por algunas autoridades de Quintana Roo, Succar Kuri está en el penal de alta seguridad de La Palma.
Así las cosas, aunque Edith siga accediendo ante las presiones de la defensa de Succar, para retractarse de sus declaraciones iniciales ante Ministerios Públicos del fuero común y del federal, Succar no se salvará de una severa condena. En cambio, si Edith persiste en falsear su versión, incurre en el delito federal de falsedad de declaraciones y acabaría en la cárcel. Esa sería una terrible injusticia. Lo que Edith y las demás víctimas merecen es que su agresor esté preso, y que se les pague resarcimiento del daño para que puedan tener terapias personales y familiares, estudien y rehagan su vida.
Pero esto nos lleva al verdadero fondo de la historia: Succar Kuri no está solo, tiene una red de apoyo dispuesta a destruir a quienes les cuestionen. Dispuesta incluso, como lo hizo Mario Marín, a jugarse su carrera política por un favor judicial. Esa red político empresarial que ayudaba y festejaba a Succar para traficar con menores para fines sexuales.
A unos días de que se cumpla un año de mi detención, tortura y encarcelamiento, curiosamente sale otra demanda en mi contra. Pero allí están las llamadas telefónicas. Allí está Kamel Nacif pidiéndole a Succar que le traiga unas niñitas de Florida y El Salvador para “fornicar”. Allí está el héroe de la película dando órdenes a gobernadores y al líder de la bancada priísta. Allí están las pruebas. Yo no estoy dispuesta a desviar mi atención del verdadero asunto: las redes criminales que violan diariamente los derechos humanos de menores y mujeres.
Este no es un asunto entre Edith y Lydia. Ni ella es mi enemiga, a pesar de esta denuncia. Edith sigue siendo abusada por sus victimarios; cuando niña en términos sexuales; ahora simplemente es utilizada por las redes para intentar escapar de la justicia. La han obligado a retractarse, incurriendo ella en un delito que puede llevarla a la cárcel. La presentación de esta denuncia absurda es una muestra más de que sigue siendo rehén de estas fuerzas criminales.