Héroes y verdugos

29 marzo, 2009 por Lydia Cacho Ribeiro Publicado en Noticias | 4 Comentarios »

Lydia Cacho           
Cierto día, gracias al retraso de dos horas del avión que me llevaría de regreso a casa, me reencontré con un queridísimo amigo de la infancia a quien dejé de ver cuando terminamos la preparatoria. Marcos era un tipo melancólico. En esa época en que quienes estudiábamos en el Colegio Madrid cargábamos bajo el brazo un ejemplar de Herman Hesse o de Albert Camus, Marcos cargaba con de El Capital. Tendríamos dieciseis años y andábamos en la búsqueda de una identidad propia y del sentido de la vida. Inventábamos tardes bohemias y nos escapábamos a escuchar música de protesta a las peñas.
Marcos parecía el más fuerte de los amigos; aunque sus ojos delataban algún secreto, que a pesar de ser mi amigo del alma y de llorar a coro con una canción de Milanés o de Serrrat, nunca dijo qué dolores le oscurecían la mirada adolescente.
Esta vez, en el aeropuerto, fue diferente. Su rostro era idéntico, pero una mirada luminosa resplandecía en sus pupilas. Dos horas bastaron para ponernos al día. Me contó que se había casado a los 25. Describió a su ahora ex como una mujer amante de la amargura, celosa y de carácter irascible. Le dije que me parecía increíble que un hombre tan dulce como él se hubiese emparejado con una mujer de semejante perfil. “Era un profesional del dolor” me dijo sin más. Luego me explicó que su padre, ese intelectual tan respetado entre los izquierdistas mexicanos, acostumbraba golpearlo brutalmente, humillarlo cada mañana y amedrentarlo cada noche. “El viejo creía que me iba a hacer un hombre fuerte, pero lo que hizo fue un débil miedoso”.
Me platicó que descubrió su afición al dolor, y cómo las reiteradas humillaciones de la esposa que repetían el inagotable ciclo del padre, luego de haber sufrido un accidente y terminar en una clínica en Oaxaca. El médico era un viejo que le explicó que eso de aguantar tanto dolor de huesos rotos sin hacer gestos era muy malo para el espíritu. Una vez que pudo caminar, en lugar de volver a casa, decidió irse unos días a un retiro espiritual a la sierra. Allí descubrió que le tenía temor a la vida, y por ello se había escondido en los libros, en la explicación racional del mundo. “Tenía pavor” me dijo iluminado, vivía en el terror de ser maltratado,vinculé el amor con la violencia, y acabé eligiendo a una mujer que no me amaba.
El caso es que Marcos volvió de Oaxaca con sus descubrimientos y cuenta que entrando a casa miró a su mujer, quien no fue a verlo al hospital, y allí mismo él le pidió el divorcio. Narró cómo le temió siempre a tener hijos, pero una vez que abrió su caja de Pandora, comprendió que él no era su padre, ni un hombre violento, y que tenía una gran capacidad para la ternura y el amor. Así que con su nueva pareja, tiene dos pequeños. Cuando me mostró las fotos, llamaron a abordar y nos miramos entristecidos por la interrupción.
Sentí una gran decepción por dejar esa conversación maravillosa. Intercambiamos teléfonos y abrazos. Al alejarnos le pregunté ¿por qué nunca pediste ayuda? Con una sonrisa auténtica me respondió: “Porque él era mi héroe, el hombre que yo admiraba, a quien amaba profundamente ¿Cómo iba a traicionarlo?”.
Ya en el avión pensé en lo inconcebible, Marcos era mi mejor amigo, nos veíamos a diario, comía en mi casa, jugábamos basquetball  y jamás me di cuenta  de que fuera víctima de violencia.
Recordé al psicólogo Martin Seligman, quien llevó a cabo un estudio sobre la normalización de la violencia o el Síndrome de Indefensión Aprendida. Una vez que la persona maltratada se acostumbra  a la violencia, y  descubre que no puede escapar de ella, pierde su instinto para huir y aprende a vivir así. Por suerte mi amigo halló a un sabio que le enseñó el camino para volver a la paz, y supo que podía salir de una relación tóxica. Me maravilló la honestidad  de Marcos, su inteligencia emocional. Deseé que miles de esos niños lastimados por sus héroes, que ahora son adultos, logren renovar su vida como lo hizo él. Que rechacen el ejemplo y construyan nuevas formas de masculinidad heroica que nada tenga que ver con la violencia y el poder que somete y hace daño. Si él pudo ¿por qué otros no?

(Texto del libro ESTA BOCA ES MÍAS Y TUYA TAMBIÉN. De Lydia Cacho .EDITORIAL PLANETA. De venta en librerías)

4 Respuestas a “Héroes y verdugos”

  1. Priscila dice:

    Uno de mis libros favoritos.

    Saludos Lydia.

  2. Zandra Perez dice:

    Que dicha de tu amigo MArcos haber encontrado cura para su espiritu. Soy originaria de OAxaca, de la Sierra Juarez, senti mucha alegria saber que el lugar pudo ayudarlo. Creo que ese lugar es muy especial y con tristeza tambien veo que no lo apreciamos en toda su dimension.

  3. ernesto dice:

    Muchas de esas personas maltratadas de adultos son maltratadores, se forma entonces una cadena de violencia que puede durar por varas generaciones.

  4. Ijon Tichy dice:

    Saludos, para que vean que el infierno existe, Solórzano entrevistó a la directora del San Felipe.

    http://javiersolorzano.radiotrece.com.mx/2009/04/02/entrevista-con-yolanda-garcia/#comment-1510

    amenazando veladamente a la madre, y diciendo que la violación a los niños “no existe” y “es cosa de pelicula” … que poca de gente.

    Ojalá acaben en la cárcel.

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