Un milagro entre nosotras

21 junio, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro Publicado en Artículos | 6 Comentarios »

POR LYDIA CACHO

“Ahora que me estoy muriendo -dijo mi madre el otro día- he podido hacer un recuento de mi vida. De nada me arrepiento, creo que si no hubiese tenido los malos momentos que pasé a lo largo de sesenta y tres años de vida, mi espíritu se hubiera quedado detenido en el tiempo; cómoda y plácidamente asentado en la sencillez de vivir cada día sin afanarme por cambiar nada. Soy y he sido una mujer feliz”
    Con estas palabras comencé un fin de semana a solas con mi madre, quien a lo largo de mi vida, ha sabido ser a veces educadora, protectora y fuerte, y otras, amiga íntima e irremplazable. Dos días en que durmiendo a lado de la cama de hospital, la escuché reírse de mis chistes sobre Clinton y Zedillo y llorar porque aunque no le teme a la muerte tiene cierto miedo ante el dolor físico.
    Se despide una y otra vez de maneras distintas. Es ella quien consuela a sus tres hijas y tres hijos, a  mi padre, Oscar con quien cumplió ya 40 años de casada, y a sus amigas que lloran cuando la miran delgadita y pálida, aunque siempre sonriente y amorosa, caminar hacia el fin de sus días. Juntas recordamos sucesos de nuestro pasado, hablamos de su matrimonio y del mío como si fuésemos comadres que no se han visto en largo tiempo, y que tienen mucho que decirse acerca de sus secretos del amor y las pasiones. A ratos guardamos silencio para permitirnos ese cariño tan sabroso que no necesita de palabras para saberse presente, en el que tomarse las manos basta para sentir la presencia del amor.
     Cuando creo que ya aprendí suficiente de esa mujer alegre, luchona y valiente, ella viene a sorprenderme sólo para comprobar que siempre seguirá haciéndome crecer con su forma de ver la vida.
     Su enfermedad, según los médicos, es incurable e irreversible. Ella lo sabe y lo hemos hablado abiertamente. Su fe la mantiene más cerca de Dios que nunca, se le nota en la paz de su mirada y en la forma en que habla de la vida antes y de la vida ahora. ¡Claro que lloramos juntas, y mucho! A veces es de pura tristeza por saber que su cuerpo ya no estará con nosotras para abrazarnos fuerte, ni su voz del otro lado del teléfono para contarnos alguna de sus aventuras con sus grupos de alumnas y sus conferencias de autoestima; ni para asegurarnos -con esa certeza tan suya- que todo va a estar mejor. Pero otras veces, es ese llanto extasiado de felicidad y emoción que surge después de haber hablado con sinceridad sobre su partida, de aceptarlo todo, no con la hipocresía de la fe ciega y miedosa, sino con la noción de que la vida es para vivirse y gozarse, la muerte para aceptarse.
     “Puede haber un milagro”, “No digas que se va a morir, si no tienes fe, no se salvará” dice la gente a nuestro alrededor. Por supuesto que tenemos fe, estamos tan cerca  que ya no compartimos el miedo que produce la negación de una realidad inminente. Hemos comprobado que el sufrimiento y el dolor son siempre fuente de aprendizaje y crecimiento espiritual, lo que no significa que no se valga decir “Te voy a extrañar, Mamá, me gustaría que no te mueras”.
     “Estarás conmigo -le dije a mi madre- cuando me ponga a cocinar los platillos franceses de las recetas de la abuela, cuando ponga la mesa elegante y goce de una buena botella de vino con mis amistades. Estarás aquí cuando me entre la pasión y escriba contra la injusticia y la desigualdad, y repita como me dijiste en la infancia, que México va a cambiar para bien. Irás conmigo cuando vuelva  la sierra de Guanajuato a visitar a mis amigos indígenas. Estás en tus nietos y nietas que juegan a la lucha libre porque tú les enseñaste la llave Nelson y la quebradora.Estarás aquí cuando lea a los clásicos rusos y cuando de un taller con tus técnicas de enseñanza”
     Son muchos los milagros que se han dado con mi madre, esperar otro es pedir demasiado. Y de cualquier forma, creemos que va  a vivir más de lo que aseguran los médicos. Un milagro es el haber conocido a una mujer que supo ser madre de seis criaturas, esposa de diario, psicóloga de profesión,feminista amorosa, guerrillera intelectual, misionera de corazón. Que  se dio tiempo para jugar con nosotras y que siempre se supo reír. Que nos llevó al orfanatorio  y a la ciudad perdida, para que trabajáramos a su lado ayudando a  quienes tenían menos que nosotras; que me enseñó a estar orgullosa de ser mujer. El mayor de los milagros es haber podido crecer con un ser humano que supo enseñarnos a ser felices y bondadosas con el ejemplo cotidiano, que supo respetar nuestro pensamiento y que al final de su vida, espera tranquila y amorosamente, aprovechó la lentitud de su enfermedad para decirnos que la vida es un regalo, que cada día debemos vivirlo como si fuese el último: llenas de amor.

(Mi madre murió años después de escribir este texto.Y efectivamente su espíritu sigue cerca, nutriendo la esperanza y la felicidad. Ahora, en el aniversario de su muerte, comparto su recuerdo)

6 Respuestas a “Un milagro entre nosotras”

  1. carlos dice:

    HOLA este escrito me conmovio mucho y me encuentro con la tristeza entre mí y mi situación parecida a la del escrito.
    Pero se que como ejemplo reiterado no puedo bandonar la fé ni la esperanza, es un proceso muy dificil y no se que hacer. Siempre pienso positivo y una tarde muy reveladora pensé cuando estaba mejor de animo: “en la tarde la esperanza se me estaba desmoronando, pero junte todas esas migajas y mi esperanza se hizo más maciza y cada vez que pase lo mismo las volveré a juntar” .
    Se que los seres que queremos un mundo mejor estamos en sintonia, gracias por compartir este escrito y poderme identificar una y otra vez. Hare Krishna.

  2. Luis dice:

    Estoy convencido de que las enseñanzas de esa gran mujer, no están en saco roto. Usted es el claro, ejemplo de lo que la educación con valores es un legado invaluable. Perseverar en ellos es la lucha de cada día. Agradezco que comparta su sensibilidad a través de las pablabras.

  3. mario riojas almanza dice:

    Lidia ¡què hermoso testimonio!, lo más significativo es:”nos enseñó con el ejemplo”, esa es la enseñanza que no se olvida nunca, el buen ejemplo. Te comprendo y admiro porque tambien yo acabo de perder a mi madre y ella tenía una alegría de vivir contagiosa, como de quien sabe que Dios la ama, y su manera de enfrentar la vidad es el mejor legado para sus tres hijos y 7 nietos. Que Dios te bendiga, y … no dejes de luchar por tus ideales.

  4. Juan Meraz dice:

    A diferencia de chespirito yo puedo decir que mi madre, quien estuvo a punto me morir durante mi nacimiento, decidió tenerme no porque estuviera en contra del aborto (que muy probablemente sí lo estaba), sino porque tuvo la oportunidad de elegir libremente. A pesar de presiones de doctores y familiares, decidió seguir con su embarazo porque así lo dispuso ella.
    Esa mujer tuvo que cargar con cinco hijos, uno de ellos con lento aprendizaje, y ayudar a un esposo enfermo; otrora brillante ingeniero que un par de embolias terminaron por debilitar. Ella se aprendió la ley del Seguro Social para defenderse, y defender a los suyos de los abogados de la empresa donde mi padre trabajó. Logró que creciéramos al amparo del IMSS y sus servicios de salud, que valieron mucho más que cualquier cantidad de dinero que se le ofreció.
    Junto con mi padre, quien murió muchos años antes que ella, decidieron que sobre todas las cosas tuviéramos educación. Tal vez no teníamos ropa para “toda ocasión”, ni una abundante comida en la mesa, pero siempre fuimos a la escuela y nos nutrimos de conocimiento, así como del inmenso amor que nos dieron.
    Nos criaron con la entera libertad de decidir nuestros destinos, y afrontar las consecuencias de nuestros actos. No se sentaban a platicar de muchos temas con nosotros, pero nos dieron libertad para leer, preguntar e investigar por nuestra cuenta. Con mi madre nunca tuve una plática frontal sobre asuntos “delicados” y su sabiduría se limitaba a decirme: “política y religión son mal tema de conversación”. Pero nunca me reprochó mi modo de pensar y siempre me quiso aunque yo no creyera en Dios, y me escuchaba en silencio si le hablaba de sexo o drogas… lo que sabia, lo que había vivido y lo que pensaba.
    Sin embargo mi juventud y nuestro carácter, a veces tan opuesto el uno del otro, nos separaron y distanciaron muchos años. Aun así, y a pesar de vernos a menudo con cierto desagrado, siempre nos respetamos y nos amamos infinitamente.
    Una noche en mi casa en Huatulco me desperté sobresaltado y envuelto en llanto. Pensé en ella ya muy enferma en su cama de hospital y solo atiné a decir en voz alta que la amaba, ignorando que en esos momentos expiraba en la Ciudad de México.
    Estuve en su funeral calmado y pensativo. Había tenido la fortuna de conocerla como madre, de haberla disfrutado los últimos años de su vida. Pero sobre todo, en esos momentos me alegraba de haber tenido la fortuna de haberle hablado al oído mientras se resistía a morir en su cama de hospital, de haberle pedido perdón por mis faltas… de haberle perdonado las suyas.
    Han pasado varios años; soy profesor-investigador de una universidad, tengo una maestría y actualmente vivo en el Reino Unido con mi familia, donde estudio mi doctorado. Me considero una persona de bien, con mucho amor para los suyos, libre de pensamiento y con una moral muy alta. Pienso en ella y en mi padre, sobre todo cuando juego con mi hija de cuatro años que no conocieron, cuando pienso en el hijo que aun vive en el vientre de su madre.
    Pienso en ellos, y al hacerlo trato de recordar lo mejor que me dieron como hijo… para hacerlo con los míos de la misma manera.
    Un abrazo y gracias por compartir tu experiencia con tu madre… y que podamos tus lectores compartirte las nuestras.

  5. Joss de la Torre dice:

    Hola, entre a este sitio por error, y no sabes como lo he disfrutado, este testimonio que compartes con nosotros me conmovio hasta las lagrimas y ahora comprendo de donde surgio la gran luchadora que eres, te felicito, por darnos a conocer tantas cosas que te puedo asegurar para muchos son desconocidas, no te puedo decir más que Gracias.

  6. Ely Salazar dice:

    Holaaaaaaaa, gracias por compartir tu milagro, y en realidad es la muestra y ejemplo de vida!! a veces nos deprimimos es normal. Dios nos ama y si le pedimos nos dá. Debemos estar felices y orgullosas de ser mujeres, y ante todo el regalo del estar viva. Siempre hay que tener fé y a los que tenga a su madre viva, quererla y cuidarla

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