Archivo del noviembre, 2008

Secuestrados por el sistema

30 noviembre, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

                                                                                                                                                                                                      Columna de la autora publicada cada lunes en El Universal y otros diarios de México 

Plan b
Lydia Cacho
                                                                         A la familia de Silvia Vargas
 

Escuchar a Nelson Vargas, ver su mirada de padre abatido, mezcla de angustia y desesperación, es recordar la ineficacia del sistema de justicia mexicano y las complicidades de los servidores públicos implicados en la no-investigación del secuestro.
Nelson está atrapado en las redes del sistema, lo intuye pero no puede admitirlo, porque su hija es rehén de una banda criminal. Nelson y su familia son rehenes de la Procuraduría General de la República, de la Agencia Federal de Investigaciones y de la Policía Federal Preventiva. Pero no están solos, al lado de la familia Vargas el resto de la sociedad mexicana es rehén del Sistema.
Narran los sobrevivientes de secuestros que sus captores a ratos les tratan bien, luego les desprecian. Les dan información cruzada para mantener el control sobre ellos. Cuando les necesitan para seguir manipulando sus intereses, les piden que hablen ante una cámara, que demuestren que se encuentran bien y que existe cierto grado de confiabilidad en los secuestradores.
La persona secuestrada no se atreve a rebelarse porque su vida peligra. Y lo sabe. La víctima se siente amenazada y agradecida con sus captores, porque tiene la certeza de que depende de ellos. La víctima les aprecia porque le dan esperanza de libertad, aunque en el fondo sabe bien que no estaría en esa situación de peligro si no fuera por culpa de sus captores.
 

Quienes se han enfrentado al sistema de justicia mexicano, saben bien de qué hablo. Los funcionarios de la PGR son expertos, saben que las víctimas dependen de su “buena voluntad” de su “deseo de ayudar”. Con el cinismo propio de los cómplices de la impunidad, los especialistas en derechos humanos de la PGR tienen como tarea apaciguar la ira y la desesperación de las familias victimizadas. Cuando el perfil del caso es público y notorio, utilizan siempre la misma estrategia. Reciben a la víctima, personalizan la conversación, muestran fotografías familiares, establecen vínculos de empatía, juran que ya pronto se resolverá. Piden paciencia. Con la sutileza del más cruel de los torturadores emocionales explican en voz bajita que si se sigue haciendo ruido en los medios, se afectarán las investigaciones.
La familia secuestrada por la autoridad se llena de angustia, algo dentro de su pecho duele, quiere llorar, mira al funcionario público experto  en mentir, protector de los intereses políticos de una falsa estabilidad.
 

Por un momento decide volver a creer. Al día siguiente aportan más pruebas, el Ministerio Público las ignora. Vuelve la ira, la desesperanza. La familia investigadora se profesionaliza, abandona su vida normal para resolver el caso. La autoridad falla reiteradamente. Vuelve a pedir paciencia. Así el ciclo se perpetúa, hasta que las víctimas se saben secuestradas por el Sistema. Su vida y la de su familiar plagiada dependen de ese pequeño hombre de traje gris, incompetente y engañador, puesto allí para manejar políticamente los golpes de “asuntos delicados”; el secuestrador lo sabe.
Mientras tanto la familia Vargas se da a la tarea de creer que su niña Silvia volverá con vida. Que en algún lugar sus captores se conmoverán y por fin la liberarán. Y si no, ha dicho Nelson, que le devuelvan el cuerpo de su hija. Millones de personas acompañamos a Silvia y exigimos que la liberen. Todas y todos somos la familia Vargas, aunque secuestrados por un sistema viciado e  incompetente, exigimos la libertad y soñamos con un país en que nuestras hijas e hijos no vivan con miedo. Silvia no está sola, su familia tampoco.  www.lydiacacho.net
 

 

 

[email protected] del miedo

24 noviembre, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

Plan B
Lydia Cacho
 
Adriana, de doce años, afirmó categórica: “no me gusta que me pregunten qué voy a hacer cuando sea grande, porque me da pesadilla pensar que el país siga igual de mal y me vaya de aquí”. La mayoría de los lectores estarán de acuerdo en que cuando teníamos esa edad nuestras preocupaciones no se centraron nunca en la posibilidad de un secuestro, de un asesinato ni de que el vecindario cayera en manos del crimen organizado.
 
Estábamos en un  auditorio con casi doscientos niños y niñas de doce y trece años, para hablar sobre el impacto de la violencia contra las personas y el ambiente. El  equipo del Fondo Internacional para la Protección de los Animales y su Hábitat (IFAW) habló sobre animales marinos y calentamiento global. A mi me tocó hablar sobre el dolor que la violencia ejercida por los humanos inflinge en las personas y su entorno. Así que decidí preguntar a las y los preadolescentes quiénes sabían que el país se está viviendo una guerra. Todas y todos levantaron la mano vigorosamente. Hablamos sobre el miedo latente y concreto que sienten todos los días al pensar que la violencia asole sus barrios.
 
México ha visto un incremento dramático de violencia social, las niñas y los niños lo viven sin ser escuchados, sin que se les pregunte cómo se sienten. Cuando les pregunté ¿quién siente miedo? Todas las manos núbiles se levantaron a la vez. Nos tomó el resto de la jornada entender que  reconocer que nuestra propia capacidad de ejercer violencia es el primer paso para una vida sin miedo.
 
Suecia es la democracia funcional más reconocida del mundo por sus niveles de vida, de educación y civilidad. Sin embargo tiene dos problemas fundamentales de seguridad pública y justicia: la violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico, y el abuso sexual infantil. El número de refugios para mujeres maltratadas es mayor al de España. La reina Silvia de Suecia fundó una organización contra la explotación sexual de menores.
 
Durante décadas los movimientos de mujeres han demostrado que construir una democracia sin transformar los principios y valores de la desigualdad entre hombres y mujeres, es construir una mansión sobre un pantano; eventualmente se hundirá ante los ojos del mundo. Las niñas y los niños de este maravilloso encuentro, lograron comprender que la inequidad que genera tanta violencia se vincula directamente con el machismo. Miguel, de doce años,  me dijo que él intenta ser un hombre diferente a los otros niños. No le gustan ni la violencia ni las trampas, pero si no se integra, es un paria social. Prefiere ser despreciado que jugar el juego; el problema es que no son los parias sino los líderes quienes transforman a las sociedades. Y nuestros líderes validan la democracia haciendo la guerra y nutriendo la corrupción.
 
Nuevamente se acerca el 25 de noviembre, día mundial contra la violencia hacia mujeres. Los medios durante un día se mostrarán preocupados por el tema, el resto del año hablarán sobre política, esa política que pretende crear una democracia funcional pero que se niega a la transformación estructural educativa. Esa transformación requiere urgentemente de un movimiento de masculinidad no violenta, de hombres que erradiquen la violencia que ejercen contra mujeres, niñas, niños y contra ellos mismos. Aquí y en Suecia sin mujeres y menores libres de violencia no hay democracia. www.lydiacacho.net

Award

19 noviembre, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro
Wed / 19 11 2008 / 9:33

    جايزه توخولسكى امسال به ليديا كاچو نويسنده و خبرنگار مكزيكى و فعال حقوق كودكان، زنان و افشاگر باندهاى پدوفيلی و ترافیکینگ تعلق گرفت.

ایران امروز


انجمن بين‌المللى قلم International PEN روز ۱۵ نوامبر را روز نويسندگان دربند اعلام كرده است. هر سال در چنين روزى انجمن قلم كشورهاى گوناگون براى روشنگرى افكار عمومى در رابطه با نويسندگان و خبرنگاران دربند و به نشانه همبستگى با آنان جلساتى بر پا مى‌كنند.
انجمن قلم سوئد امسال اين روز را به امريكاى لاتين اختصاص داد و در مراسمى بنام “واژه در بند” با شركت نويسندگان و هنرمندان سرشناس سوئدى و با اجراى شعرخوانى، موزيك و رقص، به سانسور، نقض آزادى بيان و زندانى شدن نويسندگان در آمريكاى لاتين اعتراض كرد.
به ابتكار انجمن قلم سوئد Svenska PEN هرساله در روز ۱۵ نوامبر جايزه توخولسكى به يك نويسنده و يا روزنامه‌نگار مبارز اهداء مى‌شود.
امسال اين جايزه به ليديا كاچو Lydia Cacho نويسنده و خبرنگار مكزيكى و فعال حقوق كودكان، زنان و افشاگر باندهاى پدوفيلی و ترافیکینگ تعلق گرفت. اين جايزه كه شامل ديپلم و مبلغ ۱۵۰ هزار كرون سوئد مى‌باشد، توسط بيورن لينل Björn Linnell، رئيس انجمن قلم سوئد به ليديا كاچو اهداء شد.
اين جايزه در بزرگداشت كورت توخولسكى Kurt Tucholsky نويسنده آلمانى كه در پى مبارزه با نازيسم و سوزانده‌شدن كتاب‌هايش به سوئد گريخت و پس از اقامتى كوتاه در اين كشور خودكشى كرد، ايجاد شده است.
از جمله برندگان پيشين جايزه‌ى “توخولسكى” از ناصر زرافشان نويسنده و حقوقدان ايرانى، فرج سركوهى، تسليمه نسرين نويسنده بنگلادشى، سلمان رشدى، و فرج بيرقدار مى‌توان نام برد.

Un día sin periodistas

05 noviembre, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

Una mujer camina por  la montaña en una provincial del norte de China,  se encuentra una cobija que cubre lo que parece un animalillo. Se acerca y descubre la manita de un bebé, abre la manta y descubre a una niña recién nacida, muerta. Avisa a la policía del pueblo.
Un hombre halla a una mujer de su pueblo escondida tras un árbol. La mujer llora. El hombre se acerca y descubre que tiene en sus manos el cadáver de una preciosa niña. La mujer se asusta y le pide al hombre que no la denuncie. El gobierno chino ha prohibido a las familias que tengan más de un hijo. Las niñas no tienen derecho a la educación, ni a ser propietarias de  sus tierras; las niñas no obtienen buenos trabajos, la mujeres en China son ciudadanas de segunda clase. Los niños, en cambio, tienen escuela y derechos y trabajo, ellos si pueden cuidar y  mantener a los viejos de la familia.Tener hijas es una carga. 

Un reportero chino de la provincia de Hunan descubre que cientos de niñas están siendo asesinadas selectivamente por madres y padres. Escribe un texto. Una semana más tarde el corresponsal del New York Times encuentra la nota del joven chino, perdida en la Internet, viaja al oriente y escribe un extraordinario reportaje. Organizaciones de derechos humanos del mundo y de China se movilizan, académicas de varios países analizan el fenómeno del feminicidio infantil selectivo. La comunidad internacional llama la atención al gobierno pequinés, exige políticas públicas que mejoren la vida de las mujeres y estrategias de salud sexual y reproductiva para todas las mujeres.
Las cooperaciones internacionales ponen la mirada sobre China e invierten en la creación y fortalecimiento de Organizaciones de derechos humanos de mujeres y niñas.
Una reportera de The Guardian en el Reino Unido lee el reportaje sobre infanticidio en China, ella vive en la India y algo similar sucede ¿Qué puede ser? se pregunta. La periodista investiga el infanticidio en la India y descubre algunos factores similares al fenómeno chino: los bebés muertos son niñas. Su reportaje levanta la indignación social en Inglaterra y Human Rights Watch actúa de inmediato subiéndose a la ola mediática para defender los derechos humanos de las niñas y mujeres de la India. 

El periodista JohnThor Dahlburg escribió “Where killing baby girls is no big sin” lo publicó en The Los Angeles Times y en The Toronto Star y las organizaciones de derechos humanos lograron que se reinvirtieran recursos para ONG´s indias con perspectiva de género y produjo cientos de estudios académicos sobre el vínculo entre el infanticidio femenino y la inequidad de género, la desnutrición y el sexismo cultural. Miles de mujeres en la India se movilizaron para defender y exigir sus derechos. 
 

Un reportero de El País en España, entrevista a una feminista sobre las mujeres migrantes y esta le platica acerca de las mujeres que huyen de países africanos a España y Francia por miedo a morir lapidadas. El reportero decide darle seguimiento a un correo electrónico en el cual un grupo internacional de feministas, desarticuladas pero con la misma misión, intentan que el gobierno Iraní detenga la muerte por lapidación de siete mujeres  que habían sido víctimas de violencia domestica, cuyo único delito fue no obedecer a un hombre. El reportaje impacta de tal forma que los llamados de Amnistía Internacional obtienen un eco impresionante, y las presiones mediáticas hacia los gobiernos que practican la lapidación surten efectos importantes. Amnistía Internacional envía un llamado urgente y le siguen cientos de organizaciones de derechos humanos en todo el mundo.
En México cada año medio millón de personas cruzan la frontera hacia los Estados Unidos, huyendo de la pobreza y la violencia. Una reportera de televisión elabora un reportaje sobre mujeres migrantes y descubre que cientos de niños se han ido solos en busca de sus familiares a los Estados Unidos. Un par de reporteros siguen la pista y encuentran un vagón de niños y niñas de entre 7 y 12 años que viajan como ilegales atravesando más de cuatro mil kilómetros de territorio, solos, con hambre, sed y miedo, peor soñando reunirse con su madre o su padre en el norte.
Universidades de la frontera estudian el fenómeno. Human Rights Watch elabora un informe sobre violación de derechos de niños y niñas migrantes, una agrupación de San Diego lee el reportaje sobre ese informe y decide fundar una organización de derechos humanos para cuidar, proteger y ayudar a los niños y niñas migrantes.
Podríamos pasar el día entero exponiendo ejemplos de la trascendencia social y humana que tiene el buen periodismo en el mundo entero. Pero estos ejemplos bastan por ahora.
Yo estoy aquí, viva y hablando en un foro de la UNESCO gracias a las buenas acciones de las redes de defensa de derechos humanos y gracias al buen periodismo. Como reportera develé una red de pornografía infantil en mi país México. En ella están implicados poderosos políticos y empresarios. Por publicar la verdad fui torturada y encarcelada; pero sobreviví y sigo haciendo mi trabajo como reportera especialista en Derechos Humanos.
El periodismo es una linterna para iluminar al mundo, un buen periodismo no solamente nos permite entender lo que sucede en nuestra comunidad, sino ayuda a revelar aquello que impide que nuestros derechos humanos se respeten plenamente. Un buen periodismo educa, descubre. Revela, ayuda a formar opinión. El buen periodismo enciende una flama, que ilumina al mundo, una flama que incita nuevas ideas, que genera procesos de solidaridad global, que a su vez, sensibiliza a más gente sobre la tragedia  del dolor humano provocado por los humanos. Un buen periodismo hace la diferencia en la velocidad en que la sociedad reacciona ante un tsunami o un temblor. Cada vez que un gobierno como el mexicano o el ruso o el Libanés permite la impunidad del asesinato de una buena reportera o un buen reportero, no solo arrebata a la sociedad de su derecho de conocer la realidad, silencia también a cientos de periodistas que temen ser asesinados por decir la verdad.
Hace unos años un cineasta de mi país hizo una película llamada Un día sin mexicanos. Gracias a ella millones de personas entendieron cómo sufriría la economía y la sociedad del sur de Estados Unidos sin las y los trabajadores ilegales que van de México. 
Hoy aquí en París les pido que imaginen un día del mundo sin periodistas. Nadie sabría lo que sucede en su comunidad. Ni el clima, ni el tráfico, ni los peligros, ni las buenas nuevas, ni los pequeños milagros cotidianos. Sería un mundo habitado por el silencio, una fiesta para los criminales, un aliciente para los políticos corruptos y abusivos. Un día sin periodistas es lo que nos espera si la comunidad internacional no reacciona adecuadamente ante el silenciamiento hacia las y los reporteros del mundo que muestran las diarias violaciones a los derechos humanos.
Hoy estoy aquí en Francia, el país que vio nacer a mi madre, para decir que ser periodista es una responsabilidad, un privilegio. Que mientras haya historias que contar allí estaremos, trabajando para revelar la realidad, para acompañar a millones de personas a tejer redes de solidaridad global de derechos humanos. Porque el buen periodismo es necesariamente una herramienta de los derechos humanos del mundo.
 

(Discurso de Lydia Cacho dictado en francés en Paris el 28 de octubre en la sede de UNESCO con motivo del premio Guillermo Cano a la libertad de expresión entregado a la autora)
 

PERIODISMO Y DERECHOS HUMANOS

05 noviembre, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

 

LYDIA CACHO
 

Una mujer camina por  la montaña en una provincial del norte de China,  se encuentra una manta que cubre lo que parece un animalito. Se acerca y descubre la pequeña manita de un bebé, abre la manta y descubre una niña recién nacida muerta. Avisa a la policía del pueblo, la ignoran.
Un hombre encuentra a una mujer de su pueblo escondida tras un árbol. La mujer llora. El hombre se acerca y descubre que tiene en sus manos el cadáver de una preciosa niña. La mujer se asusta y le pide al hombre que no la denuncie. El gobierno chino ha prohibido a las familias que tengan más de un hijo. Las niñas no tienen derecho a la educación, ni a ser propietarias de  sus tierras, las niñas no obtienen buenos trabajos, la mujeres en China son ciudadanas de segunda clase, los niños tienen escuela y derechos y trabajo, ellos si pueden cuidar y  mantener a los viejos de la familia. Un reportero chino de la provincia de Hunan descubre que cientos de niñas están siendo asesinadas selectivamente por padres y padres. Escribe un texto. Una semana más tarde el corresponsal del New York Times encuentra la nota del joven chino, perdida en la Internet, se va a China y escribe un extraordinario reportaje. Organizaciones de derechos humanos del mundo y de China se movilizan, académicos de varios países analizan el fenómeno del feminicidio infantil selectivo. La comunidad internacional llama la atención al gobierno chino, exige políticas públicas que mejores la vida de las mujeres y una política pública de salud sexual y reproductiva para todas las mujeres.
Las cooperaciones internacionales ponen la mirada sobre China e invierten en la creación y fortalecimiento de Organizaciones de derechos humanos de mujeres y niñas.
Una reportera de The Guardian en el Reino Unido lee el reportaje sobre infanticidio en China, ella vive en la India y algo similar sucede ¿Qué puede ser? se pregunta. La periodista investiga el infanticidio en la India y descubre algunos factores similares al fenómeno de China: los bebés muertos son niñas. Su reportaje levanta la indignación social en Inglaterra y OXFAM actúa de inmediato subiéndose a la ola mediática para defender los derechos humanos de las niñas y mujeres de la India.  El periodista JohnThor Dahlburg escribió “Where killing baby girls is no big sin” lo publicó en The Los Angeles Times y en The Toronto Star, en 1994 y las organizaciones de derechos humanos lograron que se reinvirtieran recursos para ONG´s indias con perspectiva de género y produjo cientos de estudios académicos sobre el vínculo entre el infanticidio femenino y la inequidad de género, la desnutrición y el sexismo cultural. Miles de mujeres en la India se movilizaron para defender y exigir sus derechos. 
 

Un reportero de El País en España, entrevista a una feminista sobre las mujeres migrantes y esta le platica acerca de las mujeres que huyen de países africanos a España y Francia por miedo a morir lapidadas. El reportero decide darle seguimiento a un correo electrónico en el cual un grupo internacional de feministas, desarticuladas pero con la misma misión, intentan que el gobierno Iraní detenga la muerte por lapidación de siete mujeres  que habían sido víctimas de violencia domestica, cuyo único delito fue no obedecer a un hombre. El reportaje impacta de tal forma que los llamados de Amnistía Internacional obtienen un eco impresionante, y las presiones mediáticas hacia los gobiernos que practican la lapidación surten efectos importantes. Amnistía Internacional envía un llamado urgente y le siguen cientos de organizaciones de derechos humanos en todo el mundo.
En México cada año medio millón de personas cruzan la frontera hacia los Estados Unidos, huyendo de la pobreza y la violencia. Una reportera de televisión elabora un reportaje sobre mujeres migrantes y descubre que cientos de niños se han ido solos en busca de sus familiares a los Estados Unidos. Un par de reporteros siguen la pista y encuentran un vagón de niños y niñas de entre 7 y 12 años que viajan como ilegales atravesando más de cuatro mil kilómetros de territorio, solos, con hambre, sed y miedo, peor soñando reunirse con su madre o su padre en el norte.
Universidades de la frontera estudian el fenómeno. Human Rights Watch elabora un informe sobre violación de derechos de niños y niñas migrantes, una agrupación de San Diego lee el reportaje sobre ese informe y decide fundar una organización de derechos humanos para cuidar, proteger y ayudar a los niños y niñas migrantes.
Podríamos pasar el día entero exponiendo ejemplos de la trascendencia social y humana que tiene el buen periodismo en el mundo entero. Pero estos ejemplos bastan por ahora.
Yo estoy aquí, viva y hablando en un foro de la UNESCO gracias a las buenas acciones de las redes de defensa de derechos humanos y gracias al buen periodismo. Como reportera develé una red de pornografía infantil en mi país México. En ella están implicados poderosos políticos y empresarios. Por publicar la verdad fui torturada y encarcelada; pero sobreviví y sigo haciendo mi trabajo como reportera especialista en Derechos Humanos.
El periodismo es una linterna para iluminar al mundo, un buen periodismo no solamente nos permite entender lo que sucede en nuestra comunidad, sino ayuda a revelar aquello que impide que nuestros derechos humanos se respeten plenamente. Un buen periodismo educa, descubre. Revela, ayuda a formar opinión. El buen periodismo enciende una flama, que ilumina al mundo, una flama que incita nuevas ideas, que genera procesos de solidaridad global, que a su vez, sensibiliza a más gente sobre la tragedia  del dolor humano provocado por los humanos. Un buen periodismo hace la diferencia en la velocidad en que la sociedad reacciona ante un tsunami o un temblor. Cada vez que un gobierno como el mexicano o el ruso o el Libanés permite la impunidad del asesinato de una buena reportera o un buen reportero, no solo arrebata a la sociedad de su derecho de conocer la realidad, silencia también a cientos de periodistas que temen ser asesinados por decir la verdad.
Hace unos años un cineasta de mi país hizo una película llamada Un día sin mexicanos. Gracias a ella millones de personas entendieron cómo sufriría la economía y la sociedad del sur de Estados Unidos sin las y los trabajadores ilegales que van de México. 
Hoy aquí en París les pido que imaginen un día del mundo sin periodistas. Nadie sabría lo que sucede en su comunidad. Ni el clima, ni el tráfico, ni los peligros, ni las buenas nuevas, ni los pequeños milagros cotidianos. Sería un mundo habitado por el silencio, una fiesta para los criminales, un aliciente para los políticos corruptos y abusivos. Un día sin periodistas es lo que nos espera si la comunidad internacional no reacciona adecuadamente ante el silenciamiento hacia las y los reporteros del mundo que muestran las diarias violaciones a los derechos humanos.
Hoy estoy aquí en Francia, el país que vio nacer a mi madre, para decir que ser periodista es una responsabilidad, un privilegio. Que mientras haya historias que contar allí estaremos, trabajando para revelar la realidad, para acompañar a millones de personas a tejer redes de solidaridad global de derechos humanos. Porque el buen periodismo es necesariamente una herramienta de los derechos humanos del mundo.
 

(Discurso de Lydia Cacho dictado en francés en Paris el 28 de octubre en la sede de UNESCO con motivo del premio Guillermo Cano a la libertad de expresión entregado a la autora)
 

 

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