Archivo del septiembre, 2008

Buenas Noticias

14 septiembre, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

En medio de tanta masacre, una extraordinaria noticia, una luz en el camino sobre la transformación del Sistema de Justicia Penal mexicano se dio en la ciudad de Chihuahua, y claro, con la cantidad de dramas sangrientos, casi pasó desapercibido: el primer paso para un juicio oral por feminicidio, personificado por dos extraordinarias mujeres.

Lucha Castro, abogada del Centro de Derechos Humanos de las Mujeres A.C, logró llevar la denuncia de un intento de feminicidio ante el nuevo Sistema de Justicia Penal de Chihuahua. El viernes cinco de este mes la abogada llegó al juzgado al lado de Dolores Tarín, una valiente mujer que sobrevivió al atentado de un sicario.
La experiencia del juicio oral fue dramática y emocionante para todas y todos los involucrados, incluido el propio Juez, quien hizo un buen  trabajo; hasta los policías estaban entusiasmados.
Por un lado el Ministerio Público, representando a la Procuraduría del Estado, presentó una solicitud al Juez de Garantía para que se negara el juicio oral, quería un juicio abreviado. En su propuesta, el sicario se declararía culpable y obtendría el beneficio de la pena mas baja por haber aceptado matar a la mujer. La abogada argumentó que eso se podría considerar sólo si el sicario, a cambio, proporcionaba información para procesar al autor intelectual, quien se fue de la ciudad sin dejar rastro y a quien el MP jamás investigó.
El Juez escuchó a todas las partes, debatieron abiertamente con buenos argumentos, la víctima se sintió validada por el Juez e incluso pudo decirle al Ministerio Público lo que todas las víctimas de delitos en este país quieren decir cuando la autoridad en lugar de defender los intereses de la sociedad, defiende a los criminales.
La víctima y su abogada argumentaron mientras el Juez considerablemente azorado ante la parcialidad del Ministerio Publico hacia el sicario, anotaba las contradicciones. Al final se dio la razón a las mujeres y se admitió un juicio oral por un delito de violencia de género.
Imagine usted que algún día, todas y todos los mexicanos tengamos derecho a ser escuchados, a evidenciar claramente cuando el representante de la Procuraduría representa a los criminales. Un día en que las víctimas y sus familiares ya no serán interpretados en cientos de hojas escritas en lenguajes anacrónicos con términos legales incomprensibles; sometidos a la opacidad de un sistema en el que las decisiones se toman con discrecionalidad, y sin que  la jueza o el juez pueda escuchar toda la historia en vivo, de una buena vez.
En unas semanas comienza ya este juicio oral, en el estado que durante más de una década ha sido desgarrado por la destrucción sistemática de vidas, cuerpos y dignidad de mujeres y niñas.
Dolores Tarín llega al juicio con la valentía de una mujer que sabe que su cabeza tiene precio, Lucha Castro con amenazas de muerte del crimen organizado de Chihuahua; pero allí estuvieron, en el juzgado, preparadas, fuertes, congruentes; haciendo historia.
En medio de tanto dolor y tragedia, podemos celebrar que en México no se vale darse por vencida. Aunque siga el debate sobre el costo millonario del sistema de juicios orales, sobre el poder que perderán abogados que cobran sumas millonarias para resolver casos en la opacidad y la corrupción, y sobre las dificultades para su implementación, lo cierto es que hoy podemos celebrar un paso pequeño para la justicia; inmenso para las mujeres de Chihuahua. www.lydiacacho.com

Rescatar a México

08 septiembre, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

Plan B
Columna de Lydia Cacho publicada todos los lunes en El Universal y otros diarios nacionales

La angustia que produce la violencia social que se vive en México parece no encontrar salida. Hay una tendencia a la descalificación de toda crítica. La gente que se siente abrumada por el miedo a la violencia, a la propagación de narcotráfico, del secuestro, de los feminicidios, de la pedofilia; busca respuestas que le den paz emocional. Necesitamos saber que hay esperanza, porque sin ella nada de esto que sucede tendría sentido.

Los grupos budistas buscan iluminar al país con pensamientos de luz y armonía, miles de católicas, judías y cristianas hacen oración en grupo por toda la geografía nacional. Muchos han decidido dejar de leer los periódicos porque no pueden manejar la angustia. Los directivos de algunos medios electrónicos y escritos escuchan la solicitud del presidente Calderón para acallar las malas noticias.

Participar de ese juego de silenciamiento de la realidad no es solamente peligroso, sino carece de sentido. Es como el hombre cuyo médico le ha dicho que tiene cáncer y visita a un yerbero. Todo saldrá bien, se dice. Meses después cae fulminado en el hospital, la metástasis ha llegado a los huesos, al hígado y al páncreas. Las enfermedades del cuerpo, como las de la sociedad, no mejoran por el simple hecho de ignorarlas.

En un país convulsionado por la violencia, nadie tiene derecho a exigir derechos sin asumir responsabilidades. El presidente Calderón, sujeto al miedo de haberse envalentonado al abrir una guerra sin cuartel en todo el país, no tiene derecho a exigir a la sociedad su apoyo y, al mismo tiempo, cancelar el derecho que ésta tiene a estar informada.

Los criminales buscan la opacidad; esa es la esencia de la impunidad. Lo sabe bien la gente de Cancún con los zetas que se han apropiado de los edificios de la Zona Hotelera, y un alcalde y un gobernador que no se atreven a hablar del tema en Quintana Roo.

Lo saben en Piedras Negras, Coahuila, quienes la semana pasada estuvieron en el Hotel restaurante Barrocas frente al Chapo Guzmán y su mano derecha “El yerno”. La gente de Eagle Pass, a quienes la banda de El Chapo les ha quitado todo, casas, ranchos, negocios. Lo saben las familias de Tijuana y Nuevo León con desaparecidos que intentaron denunciar a secuestradores ante las autoridades. Las defensoras de derechos humanos de Chihuahua, amenazadas de muerte por judiciales. Lo sabe el General que la semana pasada pidió a Calderón que nombre a un Secretario de Gobernación que sí sepa sobre seguridad nacional. Lo sabemos en todo México: si nuestros derechos humanos y constitucionales no están garantizados y protegidos, nadie, ni el Presidente, tiene derecho a exigir responsabilidad para sumarse a una guerra que sólo genera más violencia.

Me parece que hay que abrir los ojos, mirarlo todo, escuchar al miedo, enfrentarlo. Es buena idea iluminar a México, cada rincón de oscuridad ya sea político, criminal o empresarial. Iluminar con la verdad, con la información. Sólo así rescataremos nuestros derechos, de la mano de nuestra responsabilidad. Calderón tiene el derecho de convocar a todos a combatir el cáncer de la inseguridad; por lo mismo, no puede cancelar el derecho de la sociedad a informarse sobre esa enfermedad.

México… ¿país peligroso?

07 septiembre, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

Por María Dolores Bolívar
Desde la frontera leemos aterrados acerca de la realidad del México que muchos amamos y que vemos deteriorarse semana a semana. Tiroteos, secuestros, más tiroteos. Los últimos focos rojos se encendieron cuando leí el reporte titulado Libertad de Prensa en México: La sombra de la impunidad y la violencia. Su inicio escueto, llano, obliga a la reflexión:

“México es uno de los países más peligrosos para periodistas en las Américas. En los últimos ocho años, por lo menos 24 periodistas y trabajadores de los medios han sido asesinados, ocho más permanecen desaparecidos y decenas han sido amenazados, intimidados o agredidos en razón de su oficio. La mayoría de las agresiones contra periodistas se encuentra en total impunidad, lo que provoca un estado generalizado de autocensura.”

La pregunta que asalta, a quién lee estas palabras es ¿en dónde empezó y cuándo termina esta pesadilla? Visto en contexto, la pesadilla no es solo la violencia contra periodistas, sino el que la represión, abierta o velada, interfiera con el derecho a la información que debieran tener los ciudadanos. En ese contexto, la violencia contra los periodistas se presenta como la última gota de una realidad en la que otros males –entre males no se debe distinguir si mayores o peores- que aquejan a los mexicanos. Dicho de otro modo, qué horrores saldrían a la luz si la prensa no fuese acallada. A qué horrendas realidades temen quienes ultiman a periodistas.

Y es que parece que el enemigo de los periodistas es elusivo, ubicuo, omnipresente; ataca desde y hacia distintas direcciones. Descubrirlo no es fácil. Observamos atónitos en el pasado el curso que tomó el caso de Lydia Cacho, luego de que la periodista se atreviera a exponer a la cabeza de una red criminal, y nos preguntamos ¿hasta cuándo? Síntoma de males inauditos, la enfermedad del país se resume en esas dos “palabras mayores” impunidad y violencia.

Pero a qué deterioros e ignominias se somete al periodista que 13 organizaciones coincidan en declarar a México “uno de los países más peligrosos” para el oficio. La muerte, en primer lugar; la desaparición; la persecución obvia, serían de por sí condenables. Pero inquietan también, causales de un orden indignante; prácticas cotidianas que acallan, con impunidad, a las ideas y la libre expresión. El reporte aludido asume tres ejes contundentes: impunidad, falta de protección –o indiferencia y desdén de las autoridades por el derecho a la información-, autocensura.

No varía en gravedad el que la muerte o desaparición de un periodista no se investigue, permaneciendo impune, y que del diario muchos en el oficio elijan por supervivencia al silencio. En ambos casos el culpable se agazapa tras un servidor público o son los mismos gobernantes quienes propician ese estado de cosas. El informe aludido nos sitúa en un país donde es segunda naturaleza que funcionarios públicos, con fondos también públicos, dicten línea a los diarios mediante la compra de publicidad. Y no solo sufren los periodistas; se arremete también contra sus familias, sus comunidades. En el reino del miedo el silencio se convierte en la única realidad aceptable. Aunque al observar la historia del país el panorama se vuelve aún más desalentador pues, la pregunta -¡ay Dios!- es como volvimos a esto. Durante un siglo la prensa ha vuelto a ser la enemiga del régimen.

Y aquí las formas de violencia reveladas por la misión internacional que incluye a Reporteros sin fronteras, Artículo 19, International Media Support, Asociación Mundial de Radios Comunitarias, Instituto Internacional para la Seguridad de la Prensa, Open Society Foundation, Comité para la Protección de Periodistas; Federación Internacional de Periodistas, Fundación para la Libertad de Prensa, Fundación Rory Peck Trust, Instituto Internacional de la Prensa, Sociedad Interamericana de Prensa y UNESCO:

• La ausencia de un marco normativo regulador de la publicidad oficial, herramienta para cierto grado de censura que acalla o premia a quienes denuncian los atropellos y fechorías de los gobiernos estatales.

• La ausencia de un marco jurídico en torno a la difamación -25 estados tienen todavía un marco jurídico contrario a los principios internacionales de la libertad de expresión- mecanismo que emplean los gobiernos para encarcelar a periodistas que denuncian los abusos cometidos desde el poder.

• El reino de las agresiones físicas, petardos o tiroteos, acoso verbal, órdenes de aprensión basadas en infracciones de tránsito u otras que no causarían arresto a otras personas.

• Las amenazas personales directas, o a familias, amigos y vecinos de los periodistas (así el caso de las radios comunitarias).

• La intimidación y utilización de la influencia a manera de presión.

• El ostracismo.

• La pérdida del empleo.

Y en el terreno de la impunidad, al margen de lo ya descrito, están los premios; los subsidios disfrazados de publicidad; los susidios directos –casas, autos, viajes a los bien-portados; los regalos e invitaciones en las que se ofrecen servicios o prebendas varias; el dolo y la impunidad que dictan la imposición de fotos en planas compradas; la inserción de notas y declaraciones sin sustento real; los desplegados; la práctica infamante de los boletines de prensa; las advertencias veladas; las sesiones de lineamiento en desayunos y comilonas que le cuestan a la ciudadanía y las “llamadas” conferencias de prensa.

El país nos duele a los de afuera “como si fuera un enfermo en coma, agonizando en una sala de emergencia”. La imagen del enfermo es de mi colega Mario Martín Flores y deja ver un poco de lo que vemos por acá, junto con una inmigración rampante, sintomática que las cosas se agravan. Y lo más preocupante es que nadie haga nada… como no sea por militarizar, establecer “el orden” policial y con él más retenes, más tiroteos, más violencia, más impunidad, más caos.

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