Archivo del julio, 2008

Las drogas, tus [email protected]

28 julio, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

Mantener satanizado el debate sobre legalizar las drogas impide evidenciar quiénes se enriquecen en realidad con ellas 

En la radio una voz masculina, emotiva y entusiasta nos asegura que la guerra contra el narco va estupendamente bien. Anuncia que nuestros hijos ya han dejado de consumirlas, porque las autoridades consignaron cargamentos de drogas. El cómo llegó el gobierno a la poco científica conclusión de que consignar unas toneladas de droga significa que nuestros hijos ya no consumen es un misterio digno del nuevo Batman.

La guerra tiene sus dificultades, no es preventiva sino simplemente útil para medir fuerzas y mantener un equilibrio entre el crimen organizado y el Estado. Hoy la droga está en todas partes, es cien veces más fácil toparte con un dealer de coca o metanfetaminas que con una biblioteca, un centro de prevención de adicciones o con una secundaria pública. La mayoría de las personas que han probada cocaína y tachas piensa que son tan buenas como un trago de alcohol. Afuera de las escuelas, en los tendajones, con telepizza, un gramo de cocaína cuesta 300 pesos, y de él salen 10 o 15 líneas (una noche completa disfrutando el estado de alerta). Las metanfetaminas son otra historia; sus vendedores son jóvenes; no las perciben como drogas, sino como “alivianes”. Alexa y sus amigas de 19 y 20 años me llevaron a un rave en Cancún. Argumentan que los raves son pacíficos espacios de convivencia. No beben alcohol, sino agua, se divierten y bailan a ritmo tecno. Las tachas les permiten “sentir la música en el alma”. La gente joven que consume drogas tiene argumentos que hay que escuchar, no silenciar, estemos o no de acuerdo, porque en ellos sustentan su persistencia en trivializar el consumo.

La madre de Alexa toma Tafil antes de dormir y Prozac al levantarse. Su padre, por dolores crónicos de espalda, diario toma dos pastillas de Dolac. Todos los adultos en el entorno de Alexa beben al menos tres veces a la semana. Ella critica los estragos del alcohol y no comprende porqué no se legalizan las drogas. Quitarles a muchos la fascinación de lo prohibido cambiaría las cosas, aseguran las jóvenes.

 

El problema no es el alcohol en sí mismo, sino la manera en que se maneja. Lo mismo aplica para las drogas, aseguran. Tomar una metanfetamina no se diferencia en nada a tomarme dos caballitos de tequila, pero a mí, asegura otra joven, no me gusta sentirme fuera de control por el tequila. “Mi padre, los viernes se va en su yate a beber güisqui con sus cuates y llega súper jarra. Yo nunca he quedado tan mal como él por fumar un poco de mota, no hago daño, sólo me río con mis amigos”. El problema, dicen mis interlocutoras, es la hipocresía del sistema. Las drogas están en todas partes y más baratas que nunca. Algo están haciendo mal, dicen: esta guerra sólo ha arrojado muertos.

 

Las personalidades adictivas buscarán de todo, prohibido o no. Educar a la gente para manejar ese tipo de personalidad es fundamental. Mantener oculto y satanizado el debate sobre legalización de las drogas impide también evidenciar quiénes se enriquecen en realidad con su venta y qué motivos ulteriores tiene esta sangrienta guerra, en términos de control social. El discurso moral y del miedo a las drogas no impacta a la juventud. Hay quienes beben alcohol para divertirse y quienes sin él no soportan la vida. El uso de las drogas legales e ilegales responde a los mismos paradigmas. Un debate abierto podría evidenciar porqué y para qué cada vez más jóvenes consumen drogas.

 

 

Atrapadas sin salida

22 julio, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

PLAN B*
 
Andrea tiene 30 años y un pequeño de 3. Estudió leyes y eligió la responsabilidad social, por eso trabaja en una ONG donde gana siete mil pesos.
La organización a la que pertenece Andrea es un refugio para mujeres maltratadas en Oaxaca que el año pasado, entre atenciones psicológicas, legales, de trabajo social y de salud, dio 25 mil servicios directos. Si ellas no existieran, su comunidad tendría índices más altos de feminicidio, y las mujeres seguirían soportando la esclavitud de la violencia.
Pero el gobierno de Felipe Calderón hará todo por destruirlas, a ellas y a muchas organizaciones sin fines de lucro que atienden violencia contra mujeres, que rescatan niñas de la calle, o atienden a personas  con VIH-Sida. Pero no las desaparecerán al estilo dictatorial, ni las cooptarán y aplastarán como el PRI; sino por asfixia económica.
Antes decían que las ONG´s operaban con poca transparencia, así que durante el foxismo, la mayoría aceptaron convertirse en OSC´s y registrarse con los mecanismos exhaustivos que exigen la SEDESOL, Inmujeres, el Indesol y la Secretaría de Salud. Luego comenzaron  a intervenir en los modelos de atención, imponiendo prácticas recomendadas por académicos o burócratas que jamás han hecho trabajo de campo. Se exigen profesionales de alto nivel, que cobren poco, no voluntarias. Exigieron que todas las OSCs, incluyendo las indígenas en las zonas más pobres del país, hicieran todo por computadora, y que el 20% de sus recursos se destine a sistemas contables y administrativos de primer mundo. Exigieron que en lugar de “mendigar” dinero al Estado, hicieran marketing social corporativo (como si viviéramos en Suiza y no hubiese narcoguerra, pobreza, crisis económica, y alimentaria y empresarios mezquinos). Eliminaron la deducibilidad del ISR, cortaron fondos privados. Forzaron a todas las y los trabajadores a salir de nómina y perder su seguro social e Infonavit.
Cobrando por honorarios, Andrea, paga el IVA, el IETU, el ISR y el DIOT, y al contador. Esto significa que se quedará con 4,900 pesos para pagar la guardería y al pediatra (a lo que ya no tiene derecho su niño), los libros de la escuela, la renta, ropa y comida, y los pasajes para ir a su trabajo. La organización de Andrea ha solicitado fondos a cooperaciones extranjeras, pero el gobierno de Calderón informa que tiene controlada la violencia contra mujeres, y los países no dan recursos para lo que el gobierno “si ataca”. Gastan 120 millones de pesos en una campaña para decir que a  las mujeres ya no les pegan en México con la nueva ley; en tanto Indesol e Inmujeres informan que no podrán aportar los 150 mil pesos a cada OSC´s porque se agotó el presupuesto. La Secretaría de Salud envió los recursos a los estados, pero muchos gobernadores niegan apoyos a las OSC´s que no entran en su redil político. Se termina julio y los recursos públicos que debieron ser entregados desde marzo, no aparecen. El Congreso de la Unión que los aprobó no pregunta por qué.
Poco a poco cientos de organizaciones que salvan vidas y siembran futuro, morirán por falta de recursos. Nadie llorará su muerte, hay demasiados problemas en el país para que la gente se preocupe porque millones de personas, cuya esperanza radica en la asistencia profesional de la sociedad civil organizada, queden solas, pobres, enfermas, o muertas. Andrea estudió para comprometerse con su comunidad. Ahora trabajará para un despacho privado que conoce los caminos para evadir impuestos. * columna de opinión, publicada en El Universal y otros 20 diarios del país todos los lunes por Lydia Cacho
 

DENUNCIAR O CALLAR: EL DEBATE

16 julio, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

A quienes siguen entrando en este espacio para discutir mi artículo Plan B sobre abusos sexual infantil: gracias. El debate ha sido muy enriquecedor, ha despertado correos de todo tipo y eso nos permite comprender cuántas emociones subyacen en el tema del abuso sexual infantil. Sigo aprendiendo y escuchando.   
Tienen razón quienes argumentan que hay que denunciar a los abusadores, si no creyera en ello no habría pasado desde noviembre del 2003 bajo amenazas por defender y dar voz a las niñas y niños del caso Succar Kuri. Si no creyera que es preciso transformar a las instituciones de administración e impartición de justicia, no seguiría llevando mi caso contra Kamel Nacif y el “Gober precioso” Mario Marín ante las instancias internacionales. Si creyera en alentar la impunidad, tampoco habría dado la batalla en la Suprema Corte de Justicia de la Nación; ni seguiría como testiga en el caso Succar.
Me parece que necesitamos plantear el asunto del abuso sexual desde dos perspectivas; una es la de la percepción y vivencia de las niñas y niños, aunada a la experencia emocional de padres y madres de las criaturas victimadas (cuando el abusador no es el padre). La segunda es desde la perspectiva de la justicia, con el fin de que los pedrastas paguen por sus delitos y el Estado asegure que nunca vuelvan a cometer abusos contra menores. (Por desgracia el periódico El universal me da un espacio de 500 palabras, lo cuál implica que sólo se puede hacer una breve reflexión, casi una provocación)
Hemos discutido ampliamente la necesidad de denunciar. En particular lo analicé en mi libro Los demonios del edén: el poder que protege a la pornografía infantil, (2005/ Ed. Grijalbo).
Es evidente que nadie tiene todas las respuestas; mucho menos yo misma.
En México nos enfrentamos a un serio problema que le causa dolor de cabeza al más pintado experto o experta. Tenemos leyes federales y estatales que se contradicen entre sí y con los tratados internacionales vigentes. Una gran mayoría de jueces con una educación y cultura ajena a los derechos humanos de las víctimas, y rebasados en trabajo con expedientes escritos que no les permiten adentrarse como deberían en cada causa, y que normalizan la dilación de los casos como parte inevitable del sistema. Tenemos policías que no conocen, o no tienen, ni herramientas, ni tiempo para hacer investigaciones reales de abuso sexual y corrupción de menores. Fiscales especiales que en su desesperación por el sufrimiento de las y los menores, creen que es un mal menor poner la carga de la prueba en la víctima “aunque sea un poquito”. La ausencia parcial o total (dependiendo de la ciudad o pueblo) de expertos o expertas en psicología infantil y en violencia sexual para que sean quienes entrevisten a las víctimas la primera vez. Algunos padres o madres de menores abusados convencidos, falsamente, de que la justicia es venganza y con la venganza lograrán recuperar su paz interior o resarcir el daño. Tenemos una cultura judicial que defiende sistemáticamente  los valores patriarcales, acostumbrada a que las niñas de 12 y 13 años sean objetos sexuales, que se vendan en matrimonio y se utilicen como derecho de pernada. Tenemos un sistema de justicia penal que fortalece los argumentos tradicionales para mantener las prácticas humillantes que narro en mi artículo anterior, que minimizan el daño que el proceso judicial causa a las víctimas. Baste analizar el debate de la Suprema Corte en mi caso para ver cómo 6 de 10 jueces eliminaron el tema de la pederastia y la pornografía infantil, estableciendo que es algo “no grave para el país” (revise Ud. los argumentos de los Ministros Aguirre Anguiano y Mariano azuela) en ese debate. México es un país donde el poder judicial parece  tener atribuciones pero no responsabilidades.
Por si fuera poco tenemos la exclusión histórica de niños y niñas como sujetos de derecho.Les devuelvo la pregunta: si fueran sus hijos o hijas sometidos a 3 o  4años de juicio al estilo de tortura como el de las criaturas del caso Succar Kuri  ¿Qué decisión tomarían? ¿Qué haría o hace usted para que esto cambie? ¿Qué podemos hacer como sociedad para que esto cambie?. [email protected] a la discusión
 

Mis hijos y tus hijas

14 julio, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

Columna publicada en el Universal lunes 14 de julio

PLAN B
Lydia Cacho

Si usted tiene una hija o hijo que sufrió abuso sexual infantil, no denuncie ante las autoridades; dedique su tiempo a sanar su mente, su cuerpo y su alma. Es mi conclusión luego de agotar las instancias judiciales contra los Demonios del edén. Lo dije en el programa en CNN de Carmen Aristegui y de inmediato recibí mensajes de gente muy preocupada por mi observación.
Comparto con ustedes las razones.
Cada media hora una niña o niño es violado en México. Imagine ahora que esa criatura es suya. La mayoría identifica a su abusador, porque en más del 80 % de los casos los pederastas son familiares, maestros, sacerdotes o conocidos. Aun cuando existen fiscalías especializadas en menores, el trato es ignominioso.
Las autoridades forzarán a su criatura para que narre 9 o 10 veces el abuso con lujo de detalles. Ministerios Públicos, médicos legistas y jueces, pondrán en duda la palabra de la víctima (como resultado de una cultura que durante milenios ha ocultado la pederastia, normalizándola como un asunto privado). Se someterá a las niñas a estudios ginecológicos bajo el falso precepto de que deben existir desgarres físicos visibles; negando la elasticidad vaginal, y que los violadores usan condones o lubricantes. A los niños de 0 a 15 años los forzarán a brutales exámenes proctológicos para expandir la zona anal, y dependerán de un médico que, sin conocimientos de victimología y sexualidad, dictaminará sobre si hubo o no, penetración de objetos u órganos.
El juicio tardará entre 1.5 y 4 años, durante los cuales el abusador podrá interponer tantos recursos como quiera y su cartera le permita. Si la víctima es una niña de entre 12 y 18 años, usted deberá rezar para que no le asignen a un juez convencido, aunque la ley diga lo contrario, de que las niñas provocan al violador y les gusta ser abusadas (el efecto Lolita). Usted deberá tener tiempo y dinero para dedicar la mitad de su vida a visitar procuradurías, médicos, legisladores, y burócratas del DIF rebasados por el trabajo y sin herramientas para ayudarle. Deberá conseguir abogados especializados en abuso sexual infantil, y que no se alíen al pederasta y sus redes de apoyo.
Usted tendrá que resolver el trauma secundario que dejan el abuso y la denuncia: miedo, depresión, angustia, discusiones producto de la ignorancia sobre el patriarcado, los mecanismos del abuso sexual infantil y los métodos para corromper menores.
Deberá usted mantener la tranquilidad para acunar a su criatura en las incontables noches de pesadillas. Ser paciente cuando llamen de la escuela porque su pequeño no se concentra, no juega, ni hace tareas. Si es adolescente, podrá enfrentarse a la fuga, adicciones, anorexia o bulimia.
Buscará organizaciones civiles especializadas, y si corre con suerte, en su estado no habrán cerrado porque gobiernos federal y local les niegan recursos. Sólo dos de cada 100 pederastas acabarán en la cárcel. Una posibilidad demasiado endeble como para sacrificar a cambio la vida de su criatura.
Habría que tratar a todas las víctimas como si fueran nuestra familia, lo fundamental es sanar su alma, su cuerpo y proteger su derecho a un futuro feliz. En cuanto a los pederastas, habrá que someterlos al escarnio público mediante los registros en Internet y las denuncias ante ONG´s. Puede ser poco efectivo, pero no menos de lo que ofrecen los tribunales. Se nos conmina a denunciar al pederasta, pero en tanto que la justicia siga violentando a las víctimas, no hay derecho a exigir semejante sacrificio. Mientras las autoridades no hagan su trabajo de investigación adecuada y oportunamente, el sistema de justicia penal mexicano seguirá imponiendo la responsabilidad de que se haga justicia a las víctimas y no a los victimarios.
El abogado argentino Carlos Alberto Rozanski, experto en abuso sexual infantil nos dice: El esclarecimiento del hecho (abuso sexual) y el eventual esclarecimiento de los responsables nuncapuede llevar a considerar la revictimización de una criatura como un HECHO INEVITABLE o justificado por INTERESES SUPERIORES. por el contrario, los principios constiucionales vigentes de protección integral y de inetrés superior del niño o niña EXCLUYEN toda posibilidad de que un juez avale un nuevo daño a la víctima, , no importa que recurso legaloide se invoque para justificarlo. Los jueces y fiscales en general parecen no comprendelo. ¿usted que opina?

La fórmula para la infelicidad

07 julio, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro

La juventud mexicana de entre 15 y 19 años le teme a la vida. El 45.2% de las mujeres y el 35.7% de los varones consideran a esa edad que su vida es un fracaso. El 62% de las adolescentes dejan de comer por tristeza; el 61.5% de mujeres está deprimida, contra el 47.2% de hombres. El 42.6% de niñas cree que no vale la pena vivir, y el 28.7% de niños no le encuentran sentido a su existencia. Las cifras son abrumadoras, y por su usted cree que todo está bien en casa, vuelva a preguntárselo. Entre el 84.9 y el 62% de estudiantes viven con miedo y temor a casi todo, incluyendo a las personas adultas y sus opiniones. Más de la mitad de jóvenes no pueden comunicarse con su madre y padre, y casi la mitad aseguran que son incapaces de mostrar sus afectos en casa. Casi el 40% nunca les cree a sus padres.

Estos datos los revela con precisión la Primera Encuesta Nacional de Exclusión Intolerancia y Violencia elaborada por la SEP y presentada por el subsecretario de educación media superior, el Dr. Miguel Székely. La encuesta no solamente nos muestra qué piensan y sienten las y los estudiantes de escuelas públicas de todo el país (que bien podría extrapolarse a las escuelas privadas), también nos rebela cómo su propia intolerancia, racismo, violencia y exclusión, les lleva a perder el sentido de la vida y la alegría. La intolerancia entre jóvenes es abrumadora. El 54% no acepta que haya estudiantes con VIH Sida en su escuela; el 52.8% del estudiantado se declara homofóbico, la mitad desprecian a adolescentes con discapacidades. El 47.7% rechaza a las personas indígenas en su entorno y casi el 40% no está dispuesto a convivir con personas de ideas políticas diferentes. ¿Sorpresa? Baste recordar cómo se dividió el país y las familias con la crisis postelectoral del 2006.

Pensaríamos que entre los 15 y los 19 años nadie nos rechazaría por nuestra religión, pero en realidad el 35.1% de estudiantes aseguran no querer convivir con personas de fe diferente a la suya. El 30% rechaza a personas extranjeras y desprecia a jóvenes de baja condición socioeconómica. Casi el 40% no quiere tener compañeras de otro color de piel diferente al suyo. El círculo vicioso se fortalece sin que ellas y ellos se percaten de que son quienes nutren la fórmula para la infelicidad. Casi la mitad de estudiantes ejercen violencia verbal y se dedican a hablar mal de las y los demás. La mayoría admite que se siente mal cuando es blanco de violencia, pero no asume su responsabilidad al ejercerla.

Parece que el discurso político contra la corrupción, la violencia de género, los asesinatos por homofobia, las políticas públicas sobre VIH Sida y el racismo, no da resultados. Las nuevas generaciones están más deprimidas y son más intolerantes, dos ingredientes que exacerban la violencia social y familiar. La construcción de la paz precisa de dos factores esenciales: el deseo de la felicidad propia y ajena, y el respeto a las diferencias. El reto está en aprender desde la infancia que dañar a las y los otros siempre acaba por destruirnos; insitucionzalizar la educación para la paz. www.lydiacacho.net

Libros

Twitter