EL ARBOL DE MIS RECUERDOS

15 mayo, 2008 por Lydia Cacho Ribeiro Publicado en Artículos, Noticias | 7 Comentarios »

 LYDIA CACHO 

 

No bastan las palabras, le dije a Michelle mi guía Socé*, “para comunicarnos necesitamos abrir  el corazón”. El me mira y gustoso me cuenta en francés  la historia de las castas, de sus esposas, de sus hijas que ahora viven y estudian en Bélgica.

Quiero ir al bosque de Baobabs, le pido. Él me cuenta la anécdota de cómo los Wolofs mantuvieron su historia viva.

Son una de las etnias más importantes del Africa negra, y sin embargo no desarrollaron ningún tipo de escritura, ni siquiera grafología; nunca pintaron nada. Es por ello que los contadores de historia eran primordiales en todos los reinos; y a pesar de su importancia,  de recorrer las tribus de una en una contando cuando, cómo y por qué sucedía la vida… la paz, la guerra los nacimientos y las muertes en Senegal y Burkina Fasso, los historiadores ambulantes eran considerados una casta  indigna. Cuando fallecían, para no ensuciar la tierra con sus cuerpos difuntos, los enarbolaban en un orificio labrado en los Baobabs. Luego el árbol poco a poco cubría con su corteza el área por la cuál entraba el cuerpo y poco a poco, con los años llegaba a convertirse apenas una boca abierta, en un ojo para mirar al mundo desde adentro.

Así es como los bosques de Baobabs  se convirtieron en el espíritu de la memoria africana y, en ellos, con el ojo de mi cámara descubro rostros y miradas milenarias. Un viento fresco recorre mi cuerpo, soy testiga muda de una presencia inexplicable. Del origen…

Guardamos silencio por un momento. Mientras recorríamos el asfalto  rugoso y dolido de abandono en un Renault destartalado, con las ventanas abiertas y el sol a plomo, yo recordaba el libro favorito de mi adolescencia temprana: el Principito de Sain Exupery.

El recorrido por la sabana africana me refrescó la memoria, develó el rostro de una amistad  que en aquél entonces (tendría quince años) tuve con un joven de ojos bellos, espíritu libre y corazón bueno…Enrique. Juntos pasamos  tardes enteras saboreando las metáforas de el Principito, mirábamos el dibujo del Baobab que ilustraba las páginas; en nuestra ignorancia creímos que era un árbol ficticio. Hace años que no veo a ese amigo, pero hay amistades que no son de este mundo y por eso jamás se olvidan.

Le pedí a Michelle que se detuviera cuando me sentí conmovida ante un inmenso Baobab que me miraba. Me bajé del auto y toqué con las palmas de las manos la piel rugosa de aquél imponente árbol. Encontré mi Baobab en África… recordé a un amigo del alma.

Me acerqué el árbol de la memoria, sin importarme el espectáculo absurdo de una mujer adulta en la carretera africana abrazando un soto añoso e inmenso, lleno de vida y memoria.

Contuve unas lágrimas que atropellaban mi voluntad para florecer en mis pupilas. ¡Cómo extrañaba en ese instante una amistad de esas que conocen mis dudas y misterios, para decirle Yamarek y que me respondiera sonriendo: Yamarek!. Que mirando a mis ojos supiera que a mis treintaytantos años me sentí nuevamente de dieciséis; con la extraña noción de ser incapaz de comprender el mundo y a los hombres y mujeres que lo habitan; con la paradójica  y absurda sensación de que no puedo andar por la vida realmente viva si no intento acercarme a la mujer o al hombre prójimo, para poder decirle “hoy aprendí algo nuevo gracias a ti, a tu forma de ver, crear y sentir el mundo”. Así era mi amigo, advertía el mundo de una forma distinta y lo perdí una tarde lluviosa en Paris, cuando él quiso madurar y yo le recordaba su pasado.

Ya de vuelta nos detuvimos en un pueblo llamado Thies, allí compré dos esculturas de la amistad, la vendedora me prometió que si la guardo con cariño un día reencontraré a mi amistad perdida; la otra debo darla a una amistad del alma como augurio de nunca perder nuestro amor del espíritu.

Yamarek…estoy en paz. Eso he aprendido hoy, bajo la luz del atardecer en la sabana africana, sentada en la carretera escribo: Entiendo por fin lo que me han dado las personas africanas, siempre fue antecedido por cuatro palabras de su idioma materno: Salam Alekum “Que Dios te bendiga”, Alekum Salam “Dios te acompañe”, Ilya Nikiyam “Que la paz sea contigo” y “Estoy en paz”…Yamarek.

Eso es, a pesar de sentirme ajena al mundo, en el cual la pandemia de SIDA es apabullante, luego de mirar una pobreza que tanto se parece a la pobreza extrema de México, y de no comprender tanto dolor rodeado de música y rituales, siempre puedo recordar que mi país hay gente buena, hombres y mujeres que sueñan con erradicar la pobreza, la corrupción, la violencia; amigas y amigos que entenderán lo que es mirar a un Baobab y no poner en duda que una mujer o un hombre sabio habitan su interior.

Puedo  poner mi mano en el pecho, escuchar mi corazón vivo y decir…Yamarek, estoy en paz. Y seguiré soñando con que todas y todos los ciudadanos del mundo podamos un día vivir en armonía, entre nosotros y con la naturaleza,

 

7 Respuestas a “EL ARBOL DE MIS RECUERDOS”

  1. gabriela dice:

    G r Á c i A s

  2. gabriela dice:

    g r Ä c i A s
    Lydia

  3. Luis dice:

    Excepcional! Estimada Lydia, gracias por compartir, está anécdota que enternece e invita a la reflexión. Realmente, debe ser un honor contar con su amsitad.

  4. Diva Esparza dice:

    Lydia,
    Qué persona tan extraordinaria eres. El otro día me preguntaron cual era mi superheroe preferido. Sin duda alguna conteste que mi superheroe realmente existía y que se llamaba Lydia Cacho.

  5. […] Esta criatura extraordinaria ten no seu blog no artigo “A arbre das miñas lembranzas”, podemos leer este trociño que interpreta o papel e destino dos contadores de historias no noso pasado cando non tíñamos ondas herzianas, nin das outras, controladas por quen as controla: […]

  6. Juan de Jesús dice:

    Podría caminar contigo conociendo baobabes nuevos e iguales a los de nuestros recuerdos infantiles o sentarnos bajo uno de ellos y esperar que vuelva el Principito. Amo ese niño que se mudó a vivir en mí.(Realmente vivo mejor gracias a él)

  7. Rita María dice:

    Lydia a pesar de ser una mujer que ha sobresalido y pasado por momentos dificiles no has perdido el deseo de sentir y mas importante aun de querer transmitirlo al mundo y a la gente que aun soñamos con un Mexico noble, un Mexico nuevo

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