El diputado que odiaba a los negros

01 febrero, 2010 por ricardo Publicado en PLAN B | 6 Comentarios »

Plan b

Lydia Cacho

Cuando el diputado Ariel Gómez León dijo que los damnificados haitianos -que llevaban semanas de hambre y sed- no tenían cara de necesidad “sino de abusivos insaciables”, sacó del clóset al fantasma del racismo latente y presente entre nosotros. Basta leer las crónicas sobre Haití, casi todas impregnadas de un racismo incontenible. El prejuicio miedoso a la negritud, al “salvajismo” negro se refleja en la culpabilización de los haitianos de su propia tragedia. Los cascos azules se van a sus estaciones antes de que anochezca porque temen “una revuelta”. No es lo mismo la desesperación de un país en ruinas, azotado por el hambre y el dolor de la tragedia, que una rebelión salvaje. Y el pueblo haitiano está en la primera circunstancia, no en la segunda.

Casi nadie habla de que Haití fue el primer país en abolir la esclavitud y que pagó caro su atrevimiento con Francia y Estados Unidos, quienes lo invadieron y endeudaron hasta ahorcarle. Primero lo debilitaron y aislaron, luego lo trataron con un paternalismo perverso y debilitante. La actitud de los soldados americanos ahora es la del reconquistador intolerante y prejuicioso convencido de que es superior a esos negritos peligrosos. Ese miedo a los “otros con voz” es el mismo que impulsó a los virreyes españoles a crear la política de Limpieza de sangre en México, misma que heredamos y hemos alimentado hasta convertirnos en un país profundamente racista.

El poder del racismo es acumulativo y, como establece jerarquías naturalmente excluyentes, se adopta fácilmente. La visión político-jurídica del virreinato se convirtió en cultura para justificar el maltrato y juzgar las diferencias, para ordenar la catequización y para disponer de mano de obra indígena esclavizada. Hoy en día la constitución marca la igualdad social;  sin embargo las prácticas muestran lo contrario.

Como el 80% de las y los mexicanos, las personas indígenas son arrestadas, juzgadas y sentenciadas en procesos ineficientes, corrompidos y manipulados y, además, se les aplica el agravante de su raza e idioma. En  México existen 62 lenguas indígenas reconocidas y 364 variantes, los juzgados carecen de traductores y se ha documentado que las personas indígenas, particularmente comunicadores, activistas de derechos humanos y civiles o ambientales, reciben las penas más severas del país; más severas que aquellos no indígenas sentenciados por secuestro, asesinato y narcotráfico.

Somos el país de “los inditos”, de “nuestros indígenas”. También de los pinches indios, indios patarrajada, de los “son pobres porque quieren”. El país que expulsó a los chinos y que controla la entrada de negros. En Oaxaca los grupos indígenas han derramado sangre para ser reconocidos y escuchados sin embargo la Guelaguetza es la única manifestación cultural indígena políticamente correcta.

En México por un lado se encarcela a campesinos ecologistas, por otro el turismo vende al exterior un espectáculo étnico folklórico, sin fomentar el comercio justo. La riviera Maya recibe miles de turistas que ven a “los mayitas” en un montaje artificioso que les acepta como objetos decorativos de los vestigios arqueológicos, pero no como ciudadanos plenos.

Los valores del racismo establecen jerarquías que justifican los privilegios del grupo dominante, sólo pueden suprimirse cuando cada persona se escuche a sí misma y erradique el racismo de su vida y su entorno. Cuando el doble discurso no nos traicione, como al diputado.

6 Respuestas a “El diputado que odiaba a los negros”

  1. Ernesto dice:

    Sí , lo más brutal del racismo mexicano es el autoengaño, el mismo diputado de marras dijo: “No soy racista porque mi padre es morenito…”, si no reconocmos nuestro racismo lo reproducimos cotidianamente de manera inconciente.

  2. Fernando Cárdenas dice:

    Me parece increíble que en un país como México, donde la mayor parte de la población somos mestizos, pueda existir un racismo como el que mostró Gómez León. Es una vergüenza y una pena que nuestros representantes sean capaces de emitir juicios de ese tipo, y más aún que lo digan con total convicción. ¿Cómo es posible que conociendo la dinámica social alctual (o uno asume que la conocen) se atrevan a hacer comentarios de esa clase? No sé si pensó que nadie le tomaría importancia, no sé si lo hizo por darse aires de grandeza, no sé si fue por llamar la atención, o qué lo motivó a hacer dicha derclaración, pero creo que es sentido común saber que la población no reaccionaría favorablemente al mismo.
    Esto no es más que una muestra de la poca educación que aún tenemos los mexicanos, y no me refiero a la educación escolar (que de todos modos es poca), sino a la educación humana y cívica. Incluso en las más grandes y prestigiosas escuelas del país hace falta una verdadera educación cívica y ciudadana, donde se inculque a la población joven el respeto y tolerancia. Aunque corro el riesgo de caer en una generalización equívoca, ¿cuántos egresados del Tecnológico de Monterrey, la UVM, Universidad Anáhuac u otras escuelas privadas de prestigio del país, no salen con ideas discriminatorias de sus carreras? Ya sea por raza, creencia política, posición socio-económica, o cosas tan banales como la belleza externa, la mayor parte de los egresados de estas instituciones tienen razones para discriminar al resto de la gente. Triste pero cierto, hay mucho enfoque en querer dar una educación académica de calidad, pero poco interés por dar una educación humana de calidad.
    Y no es sólo culpa de las escuelas, ya que ellas no son más que el complemento. Esta educación debe venir desde la familia, educar a los hijos el respeto, la tolerancia y el uso del sentido común en las situaciones de la vida. Si todos nos ocupáramos un poco más de educar correctamente a nuestro hijos, nos evitaríamos situaciones penosas e indignantes como la del diputado Gómez León.
    No le deseo el mal a nadie, y ojalá no tenga nunca que enfrentar necesidades como lo hacen ahorita los haitianos, pero si un día viviera una situación similar se le abrirían entonces los ojos. No creo que le vaya a gustar que lo llamen “indio abusivo e insaciable” cuando está muriendo de hambre, sin casa ni ropa y abandonado a su suerte.

  3. Eloy Pérez dice:

    un personaje gris, que antes del “chistecito” que se aventó, yo ni sabía que existía, de la noche a lamañana es conocido en todo el mundo, claro que cumplió el objetivo que perseguía. el de hacerse notar.
    dejémosle en el lugar que le corresponde. ignorémoslo. les aseguro que le dolerá más el hecho de que ni lo mencionen, a que se le vaya encima todo el mundo. eso es lo que busca.

  4. Eloy Pérez dice:

    vean si no duele que te ignoren, preguntenle a Tiziano Ferro

  5. Josefa dice:

    Los comentarios del Sr. Gomez León solo son la consecuencia de que la mala politica sigue siendo elegida al dedazo, y la gente que supuestamente nos representa no tiene sentido comun ni la convicción ni mucho menos esta comprometida en su trabajo como Diputado ya se Federal o Local, es muy triste ver que solo les importa el salario y no el poder de voz que tienen al ser nuestros representantes.

  6. JOSÈ ALBERTO ALFARO dice:

    Ariel Gòmez Leòn, mitòmano por naturaleza, “gracioso” por que se lo han hecho creer, escudado tras un micròfono (habrìa que ver ¿Dònde y còmo obtuvo su licencia?) fue ganando adeptos en Tuxtla Gutièrrez, Chiapas a travès de un “programa” de radio donde con màs sorna que otra cosa “proponia” consejos tanto familiares, como personales, como sentimentales, y poco a poco se fue metiendo en los asuntos polìticos. No era para nada extraño escucharle sus “chìstes” cargados de ironìas, y comentarios sexistas, poco a poco el “famoso” Chunco (que en Chiapas refiere al benjamìn de la familia) fue haciendose de un grupo de radioescuchas que eran vìctimas de la mitomanìa de Gòmez Leòn, mitos como ostentarse nieto del Dr. Samuel Leòn Brindis, entrañable y simpatico ex gobernador del estado, mitos como ostentarse como Licenciado de Filosofía (sin que presentara nunca siquiera una foto de su “universidad”), mito como aquel “cuentazo” con el que se ganò un viaje a España, hasta su vida familiar es un mito (Apoco no, dejar a tu esposa por tu secretaria, ¿ lo es?), pues con ese “gran currìculum” a alguien (que ya sabemos quièn es) se le ocurriò “hacerlo polìtico” primero dizque como Regidor del PVEM (apoyado por Manuel Velàsco Coello, actual Senador por Chiapas) en el Ayuntamiento de Tuxtla Gutièrrez, Chiapas (siendo Presidente Municipal, Juan Sabìnes Guerrero, actual gobernador), para su buena suerte “es elegido” como Diputado Local (todavìa “representado” al PVEM) de ahì “por artes del destìno” acepta la candidatura a Diputado Federal (por el PRD, adosada con aquèlla explicaciòn de Chucho Ortega “lo que importa es tener espacios en el Congreso” como para volver nada la gran chaqueta que se aventò el ahora “famoso” Chunco) asì llegò a San Lázaro este èmulo del principe Biscontti (aquel personaje de Luis Spota) no sin antes lucrar con su supuesto càncer linfàtico. (que curiosamente “le vuelve” cada que està en problemas).

    Yo propongo algo que “Juanito” (el de Iztapalapa), Fernàndez Noroña, El Chunco, y Andrès Manuel Lòpez Obrador sean inmortalizados en el Mùseo de Cera de la Ciudad de Mèxico, y se exhiban a las generaciones postreras, quizá en el año 2090 el Règimen Parlamentario Mexicano se acuerden entre risas de èstos “personajazos de la polìtica mexicana” que ni el mismo Palillo, Cantinflas, Medel, Don Joaquìn Pardavè pudieran interpretar.

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